13 de enero de 2026

Insumisión lingüística.

 
Leyendo el diario El Mundo del día 12 de enero de 2026, me encuentro con un artículo de opinión de Arturo Pérez-Reverte sobre la Real Academia Española (RAE) en el que dice que la RAE ya ni limpia, ni fija, ni da esplendor. No puedo estar más de acuerdo; también cuando dice: «Doblegándose con demasiada facilidad y frecuencia al simple uso mediático, político o de redes sociales».

Hace algún tiempo que en mi cabeza da vueltas la idea de poner, negro sobre blanco, en papel, mis pensamientos sobre el uso torticero de la lengua española al que asistimos de un tiempo a esta parte, y ese artículo ha sido el detonante para ello.

Claro que yo no soy un escritor, no ya reconocido como el por muchos años académico de la lengua Pérez-Reverte, sino siquiera conocido –este artículo no será leído por más allá de varias docenas de lectores, a los que agradezco esos minutos de su tiempo que me dedican–. La editorial Planeta jamás me llamará para decirme que el próximo año me corresponde el premio que patrocina, que escriba algo acorde con los tiempos que vivimos y ellos se encargarán del resto. Pero somos muchos, miles o, tal vez, cientos de miles, las personas que nos gusta escribir, simplemente como prurito personal. Y, a los que afecta la situación descrita en el artículo y sus consecuencias, que –adelanto–, en mi opinión, mediatizan nuestra libertad de expresión.

Por ello, no me siento obligado a exponer aquí razones sesudas y experimentadas como las de don Arturo. Las mías son más de andar por casa, más de “soldado de trinchera”, usando una expresión que creo que él aprobaría.

Una de las cosas que más me enerva es el uso de anglicismos, la sustitución de palabras españolas por inglesas, cuando normalmente se pueden encontrar varias palabras en español por cada una inglesa. Observo, con sorpresa, como va en aumento esa atracción por utilizar nombres y expresiones foráneas, esa fascinación esnob por lo extranjero y desprecio de lo propio, propia del paleto ignorante que quiere disimular su cortedad y simplicidad.

También, la politización del lenguaje promovida por «quienes desde el interés partidista intentan contaminar la lengua o adaptarla a sus intereses» y aceptada mansamente por una mayoría que no quiere verse tildada con alguna de esas etiquetas como facha, reaccionario o negacionista, que convierten a quien la recibe en un moderno apestado, alguien a quien hay que apartar de la sociedad y cuya opinión no cuenta, un paria. El lenguaje inclusivo es el ejemplo paradigmático de lo dicho anteriormente. El galimatías verbal y escrito, las inconsistencias e incoherencias en las que incurren los adeptos a la corrección política serían cómicas si no fuera porque el fondo del asunto tiene muy poca gracia: una auténtica dictadura lingüística.

Igualmente grave me parece que nos hayan privado de nombres españoles como: Gerona, La Coruña, Lérida… ¿Por qué un catalán puede decir Saragossa y un aragonés no puede decir Lérida? Digo españoles y no castellanos porque los andaluces, aragoneses, extremeños, castellanos nuevos y etc. hablamos español, no castellano. La historia ya viene de atrás, el primer gol nos lo colaron con la propia Constitución, donde no se reconoce el español como el idioma de España; algo realmente curioso. También cambiable.

Hemos caído en muchas trampas: el lenguaje no sólo expresa sino que conforma el pensamiento. ¿Por qué las izquierdas son progresistas y las derechas conservadoras/reaccionarias? ¿Por qué el machismo –supremacía del hombre– es malo y el feminismo –supremacía de la mujer– es bueno? ¿No habría que hablar de igualitarismo: el hombre y la mujer en igualdad de derechos y obligaciones? Seguro que el lector avispado encontrará otros ejemplos.

En la misma línea, aunque en un contexto diferente, tengo que mencionar la ley de memoria histórica. Una ley memorizida –en el sentido de que pretende liquidar lo que dice proteger– que intenta imponer un relato sectario de la guerra civil española, que sabemos es falso, distorsionando unos hechos, ocultando otros, y todo bajo el velo ideológico de algunos partidos políticos que contribuyeron con ahínco a que la guerra se iniciase y cometieron algunos de los desmanes que se silencian y, además, de la mano de un partido filo-terrorista. Para los que tratamos el tema –desde el punto de vista de la historia militar, en mi caso– con una perspectiva objetiva y neutral, de investigación de los hechos acaecidos y búsqueda de las causas por las que tuvieron lugar, el resultado es que –de nuevo– la corrección política de editoriales y publicaciones silencia a algunos y potencia a otros, quienes, muchas veces, su mayor mérito es el de seguir la tendencia dominante.

Volviendo al artículo anterior, antes de acabar querría citar también una sentencia que pienso que describe correctamente la situación actual: «una normativa cada vez más laxa, ambigua y contradictoria, que deja al hablante sin referencias firmes, sometido a los vaivenes de las modas»; como ejemplo: el uso opcional de tildes y mayúsculas.

No puedo dejar de mencionar mi experiencia con la correctora ortotipográfica de uno de mis libros, en el que yo mencionaba un nombre toponímico de la provincia de Teruel: el Alto de Celadas, y que ella insistía en que según las normas actuales de la RAE sería el alto de Celadas, porque un alto (punto elevado del terreno) es genérico y sólo Celadas es nombre propio. En fin… aquello me llevó a declararme insumiso lingüístico.

Y, creo, por todo lo dicho anteriormente, que esa puede ser una respuesta adecuada: reivindicar la legitimidad, levantar la bandera de la insumisión lingüística, ante una situación de hechos consumados a la que nos han llevado sibilinamente, o a la que nos hemos dejado conducir por desidia e inacción. Oposición lingüística, pacífica pero tenaz y continuada, a las imposiciones de un poder que busca perpetuarse en el mismo utilizando todas las herramientas a su alcance, incluida la manipulación del lenguaje.


Zaragoza, 13 enero 2026.

Francisco Javier Aguirre Azaña.


3 de enero de 2026

Nueva edición: La Campaña de Teruel (diciembre 1937-febrero1938). La historia completa.




Amazon.es

© Francisco Javier Aguirre Azaña. 
Tercera edición, Enero 2026.




La segunda edición (año 2025) ampliaba y corrigia a la primera (año 2024), modificando parcialmente algunos textos y mapas correspondientes al Asalto de Singra y la Batalla del Alfambra y las cifras correspondientes a piezas de artillería ‒incluyendo artillería antiaérea y contra-carro‒ y aviones a disposición ­de los dos bandos, recogidas en el Anexo 2 y el Anexo 3, respectivamente.

En esta tercera edición (año 2026) se continúa el proceso de ampliar y corregir las ediciones anteriores con nueva información obtenida por el autor. En particular, se actualiza texto y mapas correspondientes al Asalto de Singra y se revisa el Anexo 2 en lo relativo a cuantías en piezas de artillería en ambos bandos y características de algunas de ellas; pudiéndose afirmar, que a pesar de la imposibilidad de ofrecer números exactos ­‒dadas las múltiples divergencias existentes entre las numerosas fuentes consultadas‒, la información ahora presentada es rigurosa y fiel en un porcentaje extremadamente alto y cercano al cien por ciento.


1 de enero de 2026

Año nuevo, misma realidad: La luz de los tiempos.

Un día, casualmente, entré en la página web de la Fundación Extended Arms, presa del aburrimiento más que de la curiosidad. Me llamó la atención porque la página presentaba una estética muy cuidada y atrayente –al menos para mí– y ofrecía una mezcla de contenidos curiosos: historia, filosofía, literatura, cultura y viajes… Cómo es habitual, había que introducir el correo electrónico para acceder a algunos de ellos. No suelo hacerlo, pero, a veces, no hay más remedio si te interesa continuar leyendo. Siempre está la opción de bloquear los correos electrónicos no queridos.

Después, me he preguntado si me topé con esa página realmente por casualidad, si no me estaba esperando, ofreciéndose repetidamente en las búsquedas de Google, buscando el momento apropiado de aparecer y captar mi atención, que aquel día era difusa e indeterminada.

A los pocos días, recibí un correo informando de que la Fundación impartía una conferencia de presentación en la sala de un hotel de mi ciudad y estaba invitado a asistir. No tenía nada mejor que hacer, así es que allí fui. Pocos concurrentes, mujeres y hombres desenvueltos, cada uno peculiar en sus gestos y en su forma de vestir, nada estridente o llamativo, aunque. –decididamente– distinto, fuera de lo ordinario. Pero, todos compartían un aire común, un espíritu de pertenencia a una clase exclusiva, de la que yo no formaba parte. En algunos momentos sentí la sensación de estar asistiendo a una representación teatral. 

Quién me cautivó fue el conferenciante, una de esas personas que te hacen sentir bien. Aún recuerdo la primera impresión que me causó cuando le conocí: maduro de edad indeterminada y aspecto juvenil. Estatura media, ni alto ni bajo, y complexión atlética, algo ensanchada por mor de la edad. Cabello, moreno pero ya con tintes grisáceos, y algún rizo rebelde. Camisa y corbata combinadas con gusto y chaqueta casual. Su carácter: extrovertido y dicharachero con todos, pero que en el trato personal te hacía sentir único en su estima; alguien con quien era fácil establecer un vínculo personal. Su conferencia fue amena y estimulante, pero no recuerdo que su contenido fuese sustancial.

Cuando, antes de abandonar el local, me acerqué para saludarle y agradecerle la invitación, me vi envuelto en la conversación que mantenía con dos o tres de los asistentes. No sé cómo, él –Lucio– y yo acabamos, pocos minutos después, tomando un café en la cafetería del hotel, hablando del mundo y sus moradores. Me preguntó a que me dedicaba y le conté que me encontraba un poco a la deriva, con más vida por detrás que por delante, sin objetivos, matando el tiempo con un curso de escritura narrativa. Y entonces, sin ser consciente de cómo se produjo la transición en la conversación, me encontré escuchando una propuesta fantástica. Debería haberme levantado e irme, pero no lo hice. Me atraen demasiado las excentricidades.

La Fundación trabaja con personas como yo, con formación y experiencia, y también un potencial creativo que la sociedad perdería si no es encauzado adecuadamente. Mantiene una red de personas que se ayudan unas a otras y se ocupan de reforzarla. En mi caso, cercano a la jubilación, habría que prolongar la vida laboral. No es problema, me pueden proporcionar un carnet de identidad con diez años menos, no es una falsificación, se trata de alterar –“corregir” fue la palabra empleada– el registro civil y, a partir de ahí, todos los documentos personales. Mis títulos universitarios, licenciatura y masters, tampoco parecen el currículo más conveniente para un escritor, porque lo mejor es que sea escritor, un escritor reconocido, conferenciante, profesor…; se pueden encontrar universidades de prestigio que realicen convalidaciones exprés y, de esta manera, pueda mostrar un currículo más coherente con mi actividad futura. Igualmente, las editoras de renombre publicarán mis textos –hay escritores mucho más mediocres que obtienen premios importantes y son considerados el no va más de la cultura, simplemente porque alguien decide publicar y publicitar su obra–, las universidades, las academias, las asociaciones de relumbrón  me llamarán para que imparta conferencias, cursos… Los miembros de la red pueden hacer eso y mucho más. A cambio, yo pasaré a formar parte de esa red, colaboraré con la Fundación, apoyaré a sus miembros.

Como le sucede a todo el mundo, me encanta que halaguen mi vanidad. La adulación es la mejor forma de obtener mi simpatía. Así es que acepté.

Todo ha sido como dijo Lucio. Comencé a vivir una nueva vida: mis libros publicados por una editorial importante, traducidos a varios idiomas, vendidos por millones, premios nacionales e internacionales, conferencias, entrevistas de prensa, radio y televisión, casas en distintas ciudades europeas y americanas, boda con una artista famosa… Y tan sólo, de vez en cuando, a requerimiento de Lucio, tuve que prestar algún favor a otras personas también relevantes socialmente –alguien con una ética más crítica y coherente que la mía se habría sonrojado en ocasiones–. Él seguía ayudándome, cuando mi imaginación como escritor se agotaba, me proporcionaba nuevos textos con los que seguir escribiendo y publicando, impulsaba mi carrera cuando esta parecía amainar.

Alcancé el hastío. Me convertí en una cascara hueca. He llegado a la conclusión de que yo no soy yo, soy la Galatea de Pigmalión, un mero plagio de la auténtica Afrodita; el amoral Dorian Grey que ocultaba su retrato vil e indigno, representación de su alma auténtica; el Fausto de Goethe. Lucio es mi Mefistófeles.

Los años han pasado y el aspecto de Lucio no cambia, jovial y vital como el día que le conocí. En una ocasión le pregunté de donde venía su nombre. No me habló de sus padres, simplemente me dijo que es un nombre latino, proveniente de la palabra “lux”; es “el que trae la luz”. Le dije: “También Lucifer es el portador de la luz”. Me lanzó una mirada acerada, una media sonrisa sardónica, maquiavélica; sus ojos chispotearon gélidos durante un segundo, pero rápidamente cambió el tema de conversación.

Y, ahora, Lucio –mi Lucifer– me dice que no hay vuelta atrás, el pacto que hicimos no se puede romper, a no ser que quiera caer a lo más bajo en la consideración social que tanto me preocupa, convertirme en alguien despreciable cuando se conozcan las falsedades de las que me valí, los plagios en mis obras, mi ruindad. Además, me ha asignado un nuevo cometido. Se acercan elecciones nacionales y europeas. Tengo que utilizar mi prestigio para apoyar activamente a aquellos que abogan por una nueva sociedad, igualitarista y uniformizante, sin libertades individuales, desestructurada, con recursos menguantes, sin apego a sus tradiciones y valores seculares, tutelada por una élite plutocrática, de la que, por supuesto, formaremos parte sus promotores. Otros lo hacen. ¿Seré capaz de cumplir mi parte?


© Francisco Javier Aguirre Azaña

31 de octubre de 2025

Noche de Ánimas: Un jubilado afable y escalofriante.


Acabo de asistir al funeral de un amigo, editor y escritor, poeta; sus hijas han recordado sus vivencias infantiles con él y lo han llorado; todos han destacado su bonhomía. Ha sido una ceremonia conmovedora, con música de piano, canciones de un reducido coro y lectura de poemas.

Y yo, desde mi soledad de última fila, con varios años de jubilación a la espalda… o mejor dicho, mi cabeza… ha comenzado a pensar por sí sola. Es algo que sucede últimamente, cada vez con mayor frecuencia. No soy capaz de embridar mi raciocinio y someterlo al cauce de los patrones generalmente aceptados y considerados normales por la sociedad.

Y mi mente pedía explicaciones a… ¿quién?, ¿a un Ser Supremo?, de por qué no me concedió ningún don. Porque yo no soy capaz de tocar un instrumento musical –ni siquiera el más sencillo–, cantar una canción o pintar un cuadro. No tengo el más mínimo sentido de la melodía o el ritmo, ni oído musical, incluso los idiomas se me dan mal; soy incapaz de conjugar los colores o hacer un trazo grácil con el lápiz. Incluso las plantas que cuido con mis manos languidecen y se mueren. Tampoco mi cuerpo, siquiera cuando era joven, destacaba en la práctica deportiva o atlética. Sí que, al parecer, mi cabeza es buena para el razonamiento matemático y científico, pero ¿de qué me ha servido? He desperdiciado mi tiempo en aprender tantas cosas inútiles, al menos para mí, que no he sido capaz de producir nada original. Las lagunas de memoria me impiden aportar los datos que aprendí cuando quiero utilizarlos en las discusiones que, por supuesto, quiero ganar desarmando –y, a poder ser, ridiculizando– los argumentos contrarios de mis interlocutores.

Y, tomando el relevo a esa mente que pide explicaciones a un Dios –a todas luces imperfecto o, al menos, descuidado con sus obras–, mientras camino abandonando el cementerio, yo continuó pensando que en mi funeral no habrá música ni poemas, nadie los asociará a mi persona. Mis hijos no recordarán a un padre afable y cercano, porque no lo fui. Mis amigos asistirán y me recordarán ese día, pero me olvidarán rápidamente porque nunca he sido simpático o gracioso, más bien anodino e insustancial. No habrá viuda, porque mi mujer, la única persona en esta vida que se aproximó a mí, me abandonó después de cuarenta años de matrimonio; siempre me he preguntado porque tardó tanto en darse cuenta de que no merecía la pena desperdiciar un tiempo inmisericordemente menguante con alguien que la hacía infeliz.

Y sé que es tarde para cambiar. Pero, en realidad, no quiero cambiar. He sido capaz de superar mis limitaciones físicas y mentales, y he desarrollado una carrera profesional que muchos considerarían exitosa. Sin embargo, ya nadie se acuerda, no hay reconocimiento ni agradecimiento por los servicios prestados, sólo olvido e indiferencia.

Y eso es lo que verdaderamente me enerva. Creo que es lo que me ha llevado a mantenerme activo, a no conformarme con ser un jubilado pasivo y disciplente. Claro que mi actividad discurre por derroteros poco convencionales.

Recuerdo que mi primera víctima fue mi asistenta. Era una mujer laboriosa, venía de no recuerdo que país y quería trabajar, cuanto más mejor, para ganar dinero y sacar adelante a su familia. Era eficiente y yo, de vez en cuando, la recompensaba con alguna gratificación extraordinaria; además, no quería que se fuera con alguien que le pagase más. Cuando sisaba alguna moneda de las que yo siempre dejo en el mueble de la entrada, yo me hacía el tonto, no me importaba. Pero había un detalle que no soportaba: se bebía mi yogur líquido; después de hacer la limpieza y ordenar la cocina, abría la puerta del frigorífico y se echaba un trago rápido, ávido, largo, de la botella blanca que nunca faltaba, pero cuyo contenido disminuía a un ritmo más rápido del que yo tenía establecido como adecuado, porque una botella tiene que durar tres días exactos.

Así es que comencé a pergeñar un plan, estudié las alternativas, pros y contras de cada opción; una vez establecida la línea de acción estudié la mejor forma de ejecutarla. Es sorprendente lo útil que puede ser Google y ChatGPT para preparar un asesinato. Me decidí por el matarratas, uno con sabor afrutado me pareció el más idóneo para mezclarlo con el yogur líquido.

Al fin y al cabo –sigo pensando–, yo no empleé la violencia, no la forcé a nada; tan sólo mezclé el matarratas, en la dosis adecuada, con el yogur y fue ella la que libremente lo ingirió, cuando no debía haberlo hecho. Una mala acción que tuvo su castigo. Después de varios días de repetir el proceso, un día ya no vino. Nadie preguntó, nadie me dijo nada. Tuve que contratar otra asistenta; la que tengo ahora no limpia bien, también me sisa y de vez en cuando se bebe una cerveza…

En vista del éxito obtenido en esa primera operación, mi cabeza me animaba a buscar otro objetivo, un nuevo reto, otro problema a plantear y resolver. Como ya he dicho, creo que va por libre, divaga, y no puedo –tal vez es que realmente no quiero– someterla al estrecho margen de actuación que está socialmente admitido. Los recuerdos de los casos posteriores se difuminan un poco en mi memoria, tendría que hacer un esfuerzo mental para ponerlos en orden y no tengo ganas, en este momento, de hacerlo.

Lo cierto es que hasta la fecha no he tenido problemas con nadie a cuenta de mí…, yo lo definiría como hobby. No dejo rastros, estudio cada caso minuciosamente y actuó con precisión. ¿Quién va a sospechar de ese señor mayor, educado, amable, circunspecto, con el que se cruza todos los días en la panadería o el supermercado? Y en el caso de que alguna vez me descubran, dudo que me puedan encarcelar por mucho tiempo, dada mi edad. Además, soy lo suficientemente inteligente para darme cuenta de que estoy loco. Si es necesario, encontraré un psiquiatra que diagnostique mi enfermedad, lo que seguramente me garantizará la impunidad.

Sí que recuerdo perfectamente mi último caso, del que estoy particularmente orgulloso. Era un joven, vecino del portal, buen mozo, atlético, simpático y educado; siempre me saludaba alegremente y me cedía el paso, yo se lo agradecía cordialmente. Era todo lo que yo no soy ni he sido nunca. Tenía una moto y, los fines de semana, le gustaba salir a la carretera en ella, habitualmente acompañado por su novia, una guapa muchacha. Tuve que aprender mecánica; en esta ocasión YouTube me resultó muy útil. Después, no fue complicado manipular los frenos durante la noche, en el garaje. No hay cámaras. Nadie baja a esas horas. La prensa local dio la noticia: exceso de velocidad, un problema mecánico, el joven que viajaba sólo muerto. Me sentí aliviado al saber que no iba con su novia ¡no soy un monstruo! De nuevo, una mala acción castigada: no se debe sobrepasar el límite de velocidad, es peligroso.

Y, ahora, estoy preparando mi próximo acto. Mi cabeza dice que debo ampliar el radio de acción, no limitarme a los que tengo próximos, sino extenderlo, que pueda ser cualquiera, incluso un desconocido. Habrá que buscar alguien más. Puede ser cualquiera que se cruce con un amable y considerado jubilado en la calle o en el autobús, en la panadería o en el centro comercial, en el cine o en el museo… Un accidente, una intoxicación alimentaria o una equivocación con las medicinas es algo que le puede suceder a cualquiera.

© Francisco Javier Aguirre Azaña



3 de octubre de 2025

Sorpresa en la Catedral de Tarazona.

Cuando hace unos días tuve la ocasión de visitar la Catedral de Tarazona (Zaragoza) me llevé una gran sorpresa. Allá por el año 2021 publiqué un libro titulado Tratado sobre sibilas y en aquel momento fui incapaz de encontrar iconografía sibilina en Aragón, ya sea en edificios religiosos o civiles. Las sibilas más próximas se encuentran en la sacristía de la Catedral de Calahorra (La Rioja). Y, hete aquí que Tarazona cuenta con un grupo de sibilas pintado en la bóveda de la capilla mayor de su catedral.

La Catedral de Tarazona estuvo cerrada durante tres décadas debido a los graves problemas estructurales que presentaba. Después de varios años de restauración fue abierta al público en abril de 2011 y hoy es conocida como la Capilla Sixtina del Renacimiento Aragonés, por su decoración mural renacentista inspirada en la Capilla Sixtina del Vaticano pintada por Miguel Ángel.

Alonso González la renovó a mediados del siglo XVI, adoptando la estética renacentista y pintando profetas, patriarcas y otros personajes del Antiguo Testamento, y también sibilas paganas. Están Adán y Eva, el arcángel Rafael y Tobías, Baco, David y Hércules, Apolo y Venus, Dido y Eneas... No hay ninguna otra catedral que tenga representadas figuras humanas con una desnudez tan elocuente. El artista realizó las imágenes del cimborrio entre 1546 y 1549 y las de las bóvedas de la capilla mayor, entre 1562 y 1563. En la bóveda de la capilla mayor, situada sobre el lugar destinado a la celebración diaria de la eucaristía, hay un total de 25 espacios. Los 16 espacios entre las diagonales y los terceletes se rellenaron con figuras de sibilas, profetisas y adivinadoras del mundo clásico asociadas al anuncio a los paganos de la venida del Salvador.

Bóveda de la capilla mayor con sibilas. Catedral de Tarazona.

También es sorprendente como han llegado hasta nuestros días. El Concilio de Trento que, con interrupciones, se celebró entre 1545 y 1563 aprobó un Decreto sobre las imágenes, en el que se establecían las características que debían tener las imágenes y la función que debían cumplir. Las sibilas de hermosos pechos desnudos que había pintado Alonso González estaban absolutamente fuera de lugar y en toda Europa cayeron súbitamente en desuso y se acabaron prohibiendo. En 1547 había sido nombrado obispo de Tarazona Juan González de Munébrega, hombre cultísimo y con otros cargos en la Iglesia, quien intentó aplicar las disposiciones de Trento, pero sobre todo se empeñó en el sometimiento de los canónigos a su autoridad. Se enfrentó totalmente con el Cabildo (acabó excomulgando a varios de sus miembros) y, mientras se libraba esa batalla, las pinturas siguieron allá arriba. No fue hasta el siglo XIX cuando, por razones meramente estéticas, se renovó la catedral y se cubrió buena parte de las pinturas, ocultándolas con enlucidos. Descubiertas en 2004, fueron recuperadas y son las que podemos ver ahora.

Sibilas.

Naturalmente, este descubrimiento me ha obligado a actualizar el Tratado sobre sibilas, para incluir las de la Catedral de Tarazona, y aprovechando esta circunstancia, la edición actualizada también recoge nuevos detalles y fotografías de las catedrales de Pisa (Italia), Ulm (Alemania), Zamora, Auch (Francia), Salamanca, Murcia, Calahorra (La Rioja) e Iglesia de Santa María sopra Minerva (Roma) y Sacra Capilla El Salvador de Úbeda (Jaén). El libro ya está disponible en Amazon.







          Tratado sobre sibilas






21 de septiembre de 2025

II Jornadas Recreación Guerra Civil en Singra


II Jornadas de recreación de la Guerra Civil en Singra (Teruel).




Conferencia, día 20 de septiembre:



Andada y exposición en la posición defensiva Cabezo Bajo, día 21 de septiembre:





Medios de comunicación: 


 

6 de septiembre de 2025

Recordando a Bécquer en el Monasterio de Veruela



Homenaje a Bécquer: El peregrino perpetuo

Gustavo Adolfo Bécquer en una de sus Cartas desde mi celda, titulada La Virgen de Veruela, recoge la leyenda del origen del Monasterio de Veruela, en una de cuyas celdas la escribió.

Monasterio de Veruela

Bécquer nos sitúa en el lugar y en el tiempo de esta manera: «En el valle de Veruela, y como a una media hora de distancia de su famoso monasterio, hay, al fin de una larga alameda de chopos que se extiende por la falda del monte, un grueso pilar de argamasa y ladrillo. En la mitad más alta de este pilar, cubierto ya de musgo, merced a la continuada acción de las lluvias, se ve una especie de nicho, que en su tiempo debió contener una imagen, y sobre el cónico chapitel que lo remata, el asta de hierro de una cruz cuyos brazos han desaparecido. Un arroyo de agua cristalina corre allí con un ruido apacible, medio oculto entre el espeso festón de juncos y lirios blancos que dibuja sus orillas, y en el verano, las ramas de los chopos, agitadas por el aire que continuamente sopla de la parte del Moncayo, dan a la vez música y sombra. Llaman a este sitio La Aparecida, porque en él tuvo lugar, hará próximamente unos siete siglos, el suceso que dio origen a la fundación del célebre monasterio de la Orden del Císter, conocido con el nombre de Santa María de Veruela».


Corría el año 1141 cuando Don Pedro Atarés, señor de Borja y uno de los más poderosos magnates de aquella época, salió de cacería por las faldas del Moncayo, acompañado por sus ballesteros, pajes y ojeadores. Sobrevino la tarde sin que, cosa verdaderamente extraordinaria en aquel sitio, encontrasen una sola pieza. Se disponían a volver al castillo cuando una corza salió de unas matas próximas. Aunque no era la hora más a propósito para darla caza, pues se hacía cada vez más densa la oscuridad del crepúsculo, aumentada por la sombra de unas nubes, precursoras de una fuerte tormenta, Atarés dio orden de perseguirla, mandando a los ojeadores por un lado y a los ballesteros por otro, saliendo a brida suelta, seguido de sus pajes, a quienes pronto dejó rezagados. Como era de suponer, la corza se perdió en lo más intrincado del monte. A la media hora de correr en busca suya, cada cual en una dirección diferente, Don Pedro Atarés se encontró completamente solo, en un paraje desconocido, en medio de la oscuridad y envuelto por una gran tormenta.

Temiendo por su vida, imploró la protección de la Virgen María, quien atendiendo a sus ruegos se le apareció, le protegió del temporal y le hizo entrega de una pequeña imagen suya depositada sobre una encina. A cambio de su auxilio, la Virgen María encomendó a Don Pedro levantar en el mismo lugar un monasterio a Ella dedicado.

Don Pedro Atarés no dejó pasar mucho tiempo sin realizar el deseo que había manifestado la Virgen. Y así, el suntuoso monasterio, con su magnífica iglesia, semejante a una catedral, sus claustros imponentes y sus almenados muros, levantóse como por encanto en medio de aquellas soledades.

Hacia el final del relato Bécquer nos dice: «Yo oí por primera vez referir la historia que a mi vez he contado, al pie del humilde pilar que la recuerda, y antes de haber visto el monasterio, que ocultaban aún a mis ojos las altas alamedas de árboles, entre cuyas copas se esconden sus puntiagudas torres».


17 de agosto de 2025

Presentaciones del libro «Báguena, cuna de personajes históricos».


Semana Cultural 2025, Báguena, 17 de agosto de 2025



Fundación Campo de Daroca, 8 de mayo de 2025


Casino de Teruel, 29 de abril de 2025


Casa de Teruel en Zaragoza, 5 de abril de 2025


27 de junio de 2025

Nuevo sitio web: La Orden del Temple.

 


Este nuevo sitio web es un proyecto personal que tiene por objeto recopilar información relevante, fidedigna y rigurosa, desde una perspectiva histórica, sobre esta fascinante Orden Militar que continúa despertando interés después de transcurridos más de siete siglos desde su desaparición.


La Orden del Temple en el Camino de Santiago.

El Camino de Santiago y la Orden del Temple están intrínsecamente ligados, ya que los Templarios desempeñaron un papel importante en el desarrollo y la protección de la ruta jacobea durante los siglos XII y XIII. Los Templarios construyeron sus propios santuarios en las encomiendas del Camino, así como infraestructuras clave, tales como hospitales, albergues y castillos a lo largo del Camino. Además de patrullar las rutas para garantizar la seguridad de los peregrinos frente a bandidos y asaltantes. No solo brindaron seguridad física a los peregrinos, sino que también contribuyeron a la expansión y desarrollo de la ruta, consolidándola como un importante centro de intercambio cultural y espiritual.

Los Templarios, con su influencia y recursos, ayudaron a promover y difundir la devoción a Santiago, convirtiendo el Camino en un destino cada vez más popular y significativo. Por tanto, la presencia templaria en el Camino de Santiago fue fundamental para su desarrollo y consolidación como una de las rutas de peregrinación más importantes de la historia, tanto por su papel en la protección de los peregrinos como por su contribución a la construcción de la infraestructura necesaria para facilitar el viaje.


1. Ermita de Santa María de Eunate (Muruzábal, Navarra).

Pese a no contar con ninguna documentación que acredite fehacientemente el origen templario de esta iglesia, sí existen ciertas características de su fisonomía que hacen creer que los Caballeros Templarios hayan tenido algo que ver con su construcción: desde su planta octogonal (algo típico de las construcciones templarias) a una supuesta similitud en cuanto a su forma con la Cúpula de la Roca de Jerusalén situada en el antiguo Templo de Salomón, en el que los Templarios tuvieron su primera sede.

2. Iglesia del Crucifijo (Puente la Reina, Navarra).

https://tours.tantatic.com/tour/iglesia-crucifijo-gares

En Puente la Reina podemos encontrar esta iglesia que data de finales del siglo XII y que fue fundada por la Orden de los Caballeros Templarios bajo el nombre de Santa María de los Huertos. Alfonso I el Batallador fundó esta villa junto al puente sobre el Arga, puente que un siglo antes patrocinara la reina Doña Mayor (o quizá su nuera la reina Estefanía) y que da nombre a la villa. La iglesia acoge, en su interior, la Virgen con Niño (siglo XII) y guarda un misterioso crucifijo de grandes dimensiones y con forma de Y que es considerado una de las mejores obras de la imaginería gótica que se conservan en España.
Su ubicación estratégica, en la entrada del Camino a Puente la Reina, convirtió al templo en un lugar de gran importancia tanto para la vida religiosa como para la protección de los peregrinos. Los Templarios, con su misión de salvaguardar a los viajeros, se establecieron en este lugar para proporcionar un refugio seguro y un espacio de culto.


3. Iglesia del Santo Sepulcro (Torres del Río, Navarra).

Existen varios documentos que vinculan a esta iglesia con la Orden, sumados a otros descubrimientos como cuerpos enterrados en las cercanías de la iglesia que lucían la vestimenta típica templaria.
La Iglesia del Santo Sepulcro, es la culminación del octógono perfecto de los Templarios en el Camino de Santiago. La Iglesia de Santo Sepulcro de Torres del Río o de Sansol, también así denominado por el cercano cerro de ese nombre, sigue en su planta el infrecuente patrón octogonal ya visto en la de Eunate. Ambos edificios comparten formas muy similares, aunque aquí falta la galería de arcos de Eunate, a modo de claustro octogonal.


4. Iglesia de San Juan (Castrojeriz, Burgos).

La iglesia de San Juan, en Castrojeriz, es de origen templario (siglo XIII). Fue reconstruida sobre una base románica en varias etapas. El ábside, la torre y el claustro parecen obra de las primeras décadas del siglo XIII (época templaria); posteriormente, en los comienzos del siglo XVI, se renovó la iglesia. Una vez disuelta la Orden del Temple, los Hospitalarios continuaron desempeñando su labor de auxilio a los peregrinos.
Es una obra de gran monumentalidad por su recia torre y el cuerpo de sus tres amplias naves elevadas a la misma altura por pilares columnarios. En las columnas, precisamente en sus capiteles, es posible observar crucetas pateadas, que atestiguan su origen templario.

5. Iglesia de Santa María de la Blanca (Villalcázar de Sirga, Palencia).

Templo-fortaleza comenzado a construir a finales del siglo XII por los Templarios, y finalizado en el siglo XIV. En Villalcázar de Sirga los Templarios, a partir de este edificio, fundaron una importante encomienda que constituyó uno de los centros religiosos más importantes del Camino de Santiago en Castilla. Esa encomienda templaria fue creciendo gracias a las donaciones y la posterior compra de otros terrenos e inmuebles cercanos.
La Iglesia de Santa María la Blanca fue un santuario para la devoción de María, Madre de Jesucristo, que tuvo una época de gran esplendor entre los siglos XIII y XVI, debido a la protección de la Corona de Castilla, entre los que se encontraban los reyes Alfonso X el Sabio y su hijo Sancho IV.


6. Terradillos de los Templarios (Palencia).

Este lugar fue un feudo de la orden militar del Temple, cuyo objetivo era salvaguardar a los peregrinos que hacían el Camino de Santiago, no siempre seguro. Aparece mencionado en la documentación conservada de la Abadía de Sahagún en el siglo XI.
Tuvo dos iglesias, la desaparecida de San Esteban y la actual que está dedicada a San Pedro. Es de ladrillo de una sola nave, alberga en su interior un Cristo gótico del siglo XIV, una Virgen del siglo XVI, un San Roque del XVII y retablos de los siglos XVII y XVIII.
Según una leyenda, la famosa gallina de los huevos de oro está enterrada en este pueblo: En el siglo XII había en las cercanías de Terradillos un hostal de peregrinos (hoy derruido) que llevaba el nombre de San Juan y que era protegido por los Caballeros del Temple. Fue en este lugar donde los últimos Templarios enterraron a la famosa gallina de los huevos de oro. Los vecinos han ubicado tradicionalmente en el Alto Torbosillo (al norte del pueblo) el emplazamiento donde se esconde el preciado animal. Según la leyenda, había en la localidad una parroquia, la de San Esteban (no se conserva en la actualidad), cuyo párroco llevaba cada año a Santiago un huevo de oro. Hasta que un día, el cabildo compostelano le dijo que no querían un solo huevo, que querían la gallina. Para que no se la pudiera llevar, los Templarios la enterraron en el Alto de Torbosillo. La gallina está asociada desde tiempos inmemoriales con el preciado metal y también la Orden del Temple y su enriquecimiento, que algunos ligaban a su dominio del arte de la alquimia y, por tanto, la fabricación de cantidades ingentes de oro.

7. Iglesia Parroquial de Rabanal del Camino (Maragatería, León).

Todo el pueblo de Rabanal del Camino posee un origen templario. Este fue fruto de una avanzada de la Orden desde Ponferrada que buscaba proteger a los peregrinos que atravesaban los Montes de León hasta su llegada al Bierzo.
En este escenario la iglesia parroquial sobresale no solo por su origen templario sino por ser también uno de los pocos ejemplos que aún existen del románico leonés. El pueblo conserva su arquitectura tradicional en buen estado.


8. El Castillo de Ponferrada (Bierzo, León).

Ponferrada (Pons Ferrata) toma su nombre del puente reforzado con hierro que el Obispo Osmundo ordenó construir en el siglo XI, para facilitar el paso del río Sil a los peregrinos que se dirigían a Santiago de Compostela.
En 1178 Ponferrada pasó a depender de la Orden del Temple, gracias a una donación de los reyes leoneses. Al llegar allí, los Templarios se encontraron con una pequeña fortaleza que en su origen había sido romana. A partir de ahí comienzan una serie de ampliaciones que tendrían como finalidad convertir al complejo en una defensa del Camino de Santiago y que terminarían en 1282 (lo que se puede ver hoy en día tiene muchas más reformas que se fueron haciendo a lo largo de los siglos).
Ponferrada fue una de las encomiendas del Temple más importantes en España. La encomienda dispuso de los castillos de Cornatel, Corullón, Sarracín (Vega de Valcarce) y quizás también del castillo de Balboa. Su jurisdicción abarcaba casi todo el Bierzo, extendiéndose desde Rabanal del Camino (Maragatería) hasta O Cebreiro en Galicia. Los monasterios del Bierzo pertenecían al Cister y el Monasterio de O Cebreiro al Cluny.
Su castillo era el enclave más importante de los Templarios en el Reino de León, desde donde desarrollaron sus labores de protección del Camino de Santiago. Tras la disolución de la Orden del Temple, en 1312, esas funciones pasaron a los Hospitalarios y a la Orden de Santiago. El castillo de Ponferrada pasó a las manos de la familia Osorio y del Conde de Lemos. A raíz de la revuelta irmandiña y las luchas entre el Conde de Lemos y su hijo, fue reclamado por los Reyes Católicos.

9. Castillo de Sarracín (Vega de Valcarce, Bierzo, León).

Vega de Valcarce (León) solía ser un punto conflictivo porque se cobraba el Portazgo, que era un pago por el derecho de paso. Los peregrinos estaban exentos, pero muchas veces eran considerados como ricos mercaderes y eran obligados al pago de dicho Portazgo. Así, se originó un camino alternativo, en paralelo al camino original, que discurra precisamente al lado del Castillo de Sarracin, por el monte de la Villela (Villaus del Codex Calixtinus), para evitar a los portazgueros del Castillo de Autares.
El Castillo de Sarracin se convirtió en uno de los enclaves principales de la Orden del Temple en el Camino de Santiago. Su misión era que los Templarios pudieran defender a los numerosos peregrinos que se dirigían a Santiago de los portazgueros que les quisieran cobrar indebidamente.


© Francisco Javier Aguirre Azaña, junio 2025.


11 de junio de 2025

Revista de la Asociación Aragonesa de Escritores. Número de junio 2025.

 

Número dedicado a La Paz.


 

Cuando, en mi calidad de militar profesional, me preguntan por mi opinión sobre el concepto de Paz, pienso que es igual que si a un médico le preguntan qué entiende él por Salud, o a un policía por la noción de Legalidad, cuando su tarea diaria es tratar con sus antagónicos, la enfermedad y el crimen, respectivamente. Y creo también que es importante definir primero que es aquello de lo que hablamos, pues no siempre todo el mundo da igual significado a la misma palabra.

Paz no es sólo una situación o estado de ausencia de violencia, una no-guerra. Paz es justicia, respeto de la dignidad humana, de las libertades individuales, y de las sociedades en las que se agrupan las personas, independientemente de nacionalidad, raza, etnia, preferencias sexuales, creencias religiosas y afiliación política.

Los valores asociados con el concepto Paz constituyen también el acervo de una sociedad democrática avanzada, hasta el punto de que sólo en el seno de esta última encontraremos una paz autentica y legítima (paz positiva), aquella que transciende la mera ausencia de guerra y violencia directa (paz negativa).

Es fácil encontrar ejemplos de estados y sociedades que no están en guerra o conflicto armado con ningún otro, cuyos ciudadanos –o al menos aquellos que no se manifiesten contrarios al poder establecido– no ven amenazada su integridad física; pero que, en cambio, deben soportar una autoridad opresora. Con ello quiero decir que un estado autocrático, no liberal, puede ser capaz de garantizar una paz imperfecta, donde no existe conflicto armado, pero donde, al mismo tiempo, se ejerce alguna clase de violencia sobre los ciudadanos, a los que se restringen sus derechos humanos y civiles.

Y es aquí donde entro a explicitar que supone la paz para mí. No es sólo una situación de ausencia de conflicto armado, sino una situación en la que se garantiza el respeto de la dignidad y libertad individual, tanto a título personal como colectivo; es decir, como miembro de una nación soberana, que es capaz de tomar sus propias decisiones de manera independiente. Es necesario un estado democrático –o mejor dicho, un conjunto de ellos– para asegurar esa PAZ con mayúsculas.

Y considerando la condición dualista de la naturaleza humana, en un contexto de intereses nacionales contrapuestos, sociedades donde conviven individuos que sustentan valores virtuosos con otros con intereses espurios, la paz no es algo que venga dado; no es un maná que cae del cielo o algo que esté en la naturaleza de las cosas y llegue como consecuencia natural de una bondadosa evolución humana. Paz es algo por lo que hay que luchar día a día.

El militar, encuadrado en un ejército regular incrustado en un estado democrático, lo hace con las armas, gestionando la fuerza que ese estado le otorga –Si vis pacem, para bellum. (Si quieres la paz, prepara la guerra)–. Lo hace normalmente mediante la disuasión, a través de una fuerza creíble que disuada a un hipotético adversario porque el daño que puede recibir en un enfrentamiento armado es superior a la ganancia a la que aspira. Y, en último extremo, cuando todo lo demás falla, lo hace utilizando esa fuerza en defensa de los propios intereses. El ciudadano no debe desentenderse de esa tarea, porque se juega mucho. Se juega su propia forma de vida, sus valores y principios, y su legado a los que le seguirán. Y la forma que tiene de hacerlo es, precisamente, ejerciendo una ciudadanía responsable –Si vis pacem, pugna pro pace–, como miembro comprometido de ese estado democrático que debe garantizar la paz y que, dada la enormidad del empeño, normalmente tendrá que hacerlo en alianza con otros estados con los que comparta valores y principios, cultura y civilización. El compromiso ciudadano es compatible con la crítica y la desaprobación, encauzadas democráticamente; pero debería alejarse del cortoplacismo –búsqueda de una ventaja inmediata en perjuicio de un dividendo estable en el futuro– y el sectarismo ideológico.

Para finalizar, quisiera volver a incidir en el título inicial de este artículo: si quieres la paz, trabaja por ella; no creas que está garantizada –algo que la historia y la propia actualidad nos enseña repetidamente–, no lo delegues en otros para después olvidarte. La paz, como el pez necesita el agua para vivir, requiere el respeto de la dignidad humana, los derechos individuales y colectivos y la legalidad internacional. Todo ciudadano de una sociedad avanzada y democrática tiene un papel que jugar en el mantenimiento de esos principios: el de la participación responsable en la toma de decisiones y el control democrático de quienes gobiernan.


Francisco Javier Aguirre Azaña.

Zaragoza, 27 de enero de 2025.