25 de septiembre de 2019

Diario del Camino. De Burgos a León.

Diario del Camino de Santiago. De Burgos a León.

Caminar y contarlo.


Francisco Javier Aguirre Azaña

18 y 19 Septiembre 2019. (Burgos y Hontanas)
De nuevo en el Camino. Dispuesto a caminar de Burgos a León durante seis jornadas -cuatro de ellas de 30 kilómetros-. Caminar por las mañanas y escribir por las tardes.
El miércoles -18 de septiembre, 2019- tomo el autobús de la tarde, que desde Zaragoza me lleva a Burgos vía Logroño. Desde Logroño la carretera discurre prácticamente paralela al Camino, que hice la vez anterior. Sentado en la primera fila el autobús veo discurrir los mismos paisajes que recorrí. El autobús para en todos los sitios en que hice noche, excepto en el último: Atapuerca. Todo ello me hace rememorar aquella agradable experiencia.
Recibo una llamada. Mi hermana en Urgencias, otra vez su dolencia recurrente. Una vez en el hotel, en Burgos, consigo hablar con ella. Parece que todo está bajo control, al menos de momento. Iniciaré la travesía tal como tenía planeado -muchas reservas están cerradas y pagadas-.

Paseo los alrededores de la catedral iluminada -ya cerrada- e identifico las calles que llevan al paseo junto al río Arlanzón. Siguiendo el río, hacia el oeste, mañana encontraré el Camino, aunque hoy no he visto ninguna marca en la ciudad. Ceno una pizza en un local detrás de la catedral, en una calle detrás del ábside. No estoy de humor para buscar algún sitio con buena comida local.

Catedral Burgos
Duermo mal y me levanto antes de que suene la alarma del despertador. Después de desayunar en el hotel -hotel Cordón: económico, pero muy céntrico y que proporciona todo lo que un humilde caminante precisa-, me pongo en camino. Aún no son las ocho y la catedral sólo tiene abierta a la oración una capilla a la derecha de la entrada principal. No puedo sellar la credencial del peregrino, tal como tenía pensado. Aunque tengo el sello de la catedral de cuando llegué a Burgos en marzo pasado.
En el puente sobre el río Arlanzón encuentro las señales del Camino y comienzo a seguirlas. Multitud de peregrinos -la mayor parte extranjeros- ya están sobre el Camino. La temperatura es fresca, agradable para el caminante. Será un día soleado, despejado, pero la temperatura máxima no sobrepasará los 25 grados.

El paisaje a lo largo de 30 kilómetros es monótono, suavemente ondulado. Campos de cereal recolectado, de color verde grisáceo, que ni siquiera el sol radiante consigue iluminar. El camino, ancho, blanco o rojizo, serpentea subiendo y bajando levemente, sin una sombra que alivie al caminante.
Hago un alto -un café- en Tardajos, a once kilómetros de Burgos, y otro más -una coca cola y unas avellanas- en Hornillos del Camino, diez kilómetros más allá. Al cabo de seis horas de caminar llego a mi destino del día: Hontanas. Un pequeño pueblo metido en un barranco que desde la Edad Media mantiene su vocación de servicio -bien remunerado, también es cierto- a los peregrinos. Leo que pertenecía al obispo de Burgos y que su razón de existir es precisamente el Camino De Santiago. Muchas casas abandonadas, con techos y muros derruidos. Pero también media docena de albergues, con sus correspondientes bares y restaurantes, que acogen gran cantidad de peregrinos, en su mayoría angloparlantes. Lo que más llama la atención es la iglesia, con sus puertas abiertas de par en par. Al fondo, la imagen habitual de una pequeña iglesia católica, con su torre medieval rehabilitada y preparada como sala de exposiciones. La zona de las puertas es un espacio multicultural, multilingüe y multireligioso, a la vez que comercial: mercadillo de objetos religiosos y buenos deseos laicos en diferentes idiomas, limonada fresca y té caliente, que hay que pagar echando las monedas en unos platillos. En el lateral izquierdo un mural multiétnico y poli confesional: santa Teresa de Jesus y la madre Teresa de Calcuta, Gandhi y Martin Luther King, una activista de derechos civiles africana cuyo nombre no recuerdo y otros personajes religiosos y profanos. Además, velas y una cruz ortodoxas. Delante de la cruz, una mujer joven sentada sobre una alfombra roja en posición de yoga. Una estantería con biblias en más de una docena de idiomas, marcadas con sus correspondientes banderas identificativas. Pienso que el párroco debe ser un personaje curioso y que el escaso número de feligreses del pueblo se le debe quedar corto.
Hontanas

Ceno en el albergue, que cuenta con unas instalaciones modernas y bien cuidadas. En el exterior, una gran explanada elevada, con sombrillas, mesas y sillas, desde la que se puede ver la puesta de sol con el pueblo y la torre de la Iglesia en primer plano.

Hontanas, 19 de septiembre de 2019.



20 Septiembre 2019. (Boadilla del Camino)
Después de una noche de sueño inquieto y un frugal desayuno -café con leche y una tostada de pan con más agujeros que miga-, me pongo en camino poco antes de las ocho. Todavía entre las sombras nocturnas, algunos peregrinos van abandonando los albergues y tomando la calle Real de Hontanas, por la que discurre el Camino. La fresca bruma matinal desaparece conforme el sol se levanta lentamente a la espalda del caminante. 
Tras cuatro kilómetros, el camino que discurría paralelo a la carretera, se junta con ella. Hay que caminar por asfalto un buen trecho. Al poco, paso entre las impresionantes ruinas del convento de San Antón. Fundado en 1146 por Alfonso VII y en el que los monjes antoninos trataban a los peregrinos y lugareños de una enfermedad conocida como “el fuego de San Antón”. 


Convento de S. Antón

Al cabo de ocho kilómetros llego a Castrojeriz. Primer alto, café, agua y chaqueta a la mochila. La temperatura ya ha subido, aunque es agradable. El cielo encapotado. Antes de abandonar el pueblo comienza a lloviznar. Continúo. La lluvia empieza a ser más densa. A la salida de Castrojeriz tengo que parar y ponerme la capa de lluvia. Enseguida deja de llover y vuelve de nuevo el sol, unos instantes. Me quito la capa para afrontar la subida del Alto de Mostelares, unos cien metros de desnivel desde el valle del Río Odra. Este tramo acelera el ritmo cardíaco.

En la Fuente del Piojo, donde hay árboles, mesas y bancos de cemento, hago el segundo alto. Quedan unos diez kilómetros. Me quito las botas. Bebo agua y como unas avellanas antes de afrontar el último tramo de la jornada. Quiero llegar sobre las dos, hora a partir de la cual hay previsión de tormentas.
Poco después llego a Puente Fitero, sobre el río Pisuerga. Allí mismo comienza la provincia de Palencia y su Tierra de Campos. 
Poco a poco, el Camino deja atrás cada vez más territorios y se aproxima a su ecuador.
El paisaje es parecido al de ayer. Algo más ondulado. Los campos de girasol -listos para su cosecha- se alternan con los de cereal ya recogido. Los colores, verdes y grises, son más vivos y el verde de los árboles salpica con mayor profusión el horizonte. Aunque el Camino sigue discurriendo sin el amparo de una sombra. Afortunadamente la temperatura no pasa de 25 grados, a pesar de que las nubes ahora han desaparecido y el sol luce radiante pronto a alcanzar su cenit. La marcha se hace más pesada y monótona, fatigosa bajo un sol cada vez más intenso.

Las casas de Boadilla del Camino se ven a lo lejos, pero aún faltan unos kilómetros. Dos mujeres canadienses, con las que me he ido cruzando toda la mañana, aceleran el paso y me sobrepasan. Yo también incremento el ritmo y no dejo que ganen distancia, para finalmente pasarlas en la entrada del pueblo y llegar primero al albergue. 
El albergue “El Camino” está lleno de gente. Todos hablan inglés, unos con más acierto que otros. Me alegro de haber reservado previamente una habitación individual. Se encuentra en un edificio al otro lado de la calle. Una especie de hotelito rural con instalaciones modernas y limpias. Libre de la aglomeración del albergue. Recojo la mochila grande que ya ha llegado y voy a la habitación. Me quito botas y calcetines y me calzo las sandalias que permiten expandirse a unos píes que ya notan los 60 kilómetros de los dos últimos días.  Vuelvo al albergue y pido un bocadillo de tortilla de atún y una gran jarra de cerveza -creo que me la he ganado-. Todas las mesas del patio están llenas, así es que me lo tomo sentado a la mesa donde el hospedero va atendiendo a los peregrinos: ingleses, franceses, alemanes, chinos, taiwaneses, japoneses ¿Pero es que no hay españoles en este Camino de Santiago? Parece que pocos. Está mañana sólo he encontrado a dos hombres mayores en su última jornada antes de regresar a Barcelona. 
Boadilla del Camino

Boadilla del Camino tiene poco que ofrecer. Una iglesia del siglo XVI -que no puedo ver, puesto que está cerrada-. Lo más destacable es un rollo gótico -una magnífica columna muy decorada con motivos animales, jacobeos y ángeles- erigido junto a la iglesia en el siglo XV, como símbolo de la autonomía jurisdiccional que otorgó Enrique IV a la población.

Boadilla del Camino, 20 de septiembre de 2019.



21 Septiembre 2019. (Carrión de los Condes)
Hoy me levanto un poco más tarde -la distancia a recorrer es inferior que los días pasados-. Poco después de las ocho y media inicio la andada. Se pueden ver algunos charcos provocados por la lluvia nocturna, pero no son obstáculo para andar cómodamente. Una vez abandonado Boadilla del Camino, pronto se llega al Canal de Castilla. El Camino discurre pegado a su ancho cauce durante casi cuatro kilómetros. Es una caminata muy agradable, sintiendo el frescor matinal junto a los juncos y la vegetación de las orillas, bajo la doble hilera de árboles -una a cada lado- que bordean el canal.

Canal de Castilla
El Canal de Castilla es una impresionante obra de ingeniería hidráulica realizada entre mediados del siglo XVIII y el primer tercio del XIX. Iniciativa del Marqués de la Ensenada (ministro de Fernando VI) con objeto de permitir el transporte -mediante barcazas arrastradas por bestias de tiro- del trigo de Castilla hacia los puertos del Cantábrico y de allí a otros mercados. La llegada del ferrocarril lo dejó obsoleto. Posteriormente se utilizó para mover molinos de harina y batanes, y actualmente el principal uso es para riego.

S. Martín (Frómista)
Al llegar a Frómista se pueden admirar las cuatro esclusas del canal que sirven para salvar más de catorce metros de desnivel. También en Frómista es obligada la visita a la iglesia románica de San Martín (siglo XI). Me llama la atención la multitud de figuras, a modo de gárgolas, bajo los aleros de puertas y tejados, los capiteles de las columnas interiores y el cimborrio octogonal. Pero sobre todo, el ajedrezado jaques (propio de la catedral de Jaca y por ende del Pirineo aragonés) que hay bajo las cornisas exteriores y en el interior, a diversas alturas. Y que se repite en la Iglesia de Santiago del vecino Carrión de los Condes.

Después de tomar un café, continúo camino. De Frómista a Carrión de los Condes hay 19 kilómetros por un camino recto, llano y ancho, que discurre junto a la carretera y cruza hasta cuatro pequeños pueblos. La marcha se hace monótona. El paisaje se mantiene sin cambios: campos prácticamente llanos de cereal y algunos de girasoles. Árboles en el horizonte, sobre todo a lo largo de lo que deben ser canales de riego. Lo único que cambia son los hitos kilométricos de la carretera: 12, 11, 10, 9, 8, 7...
El cielo se va cubriendo de nubes grises que ocultan el sol y amenazan lluvia. Un viento suave, a pesar de soplar del Sur, refresca el ambiente. Camino solitario, junto a una extensa chopera. El viento mueve las largas ramas verticales de los árboles y agita sus hojas, que chocan entre sí produciendo un sonido coral magnífico.
Durante un alto en una zona de descanso consultó el móvil: previsión de lluvia a partir de las dos de la tarde. Tiempo justo para llegar a mi destino antes que la lluvia. Acelero la marcha: once minutos el kilómetro. Sin embargo unos kilómetros antes de llegar comienza a caer una lluvia fina que combinada con el viento empapan mi costado izquierdo, mientras el derecho permanece seco. Me resisto a protegerme con la capa de lluvia, empeñado en llegar cuanto antes. Pero finalmente, cuando quedan dos kilómetros, paro unos instantes para sacar la capa de la mochila y ponérmela. El viento dificulta la operación, pero cuando me la pongo agradezco el calorcito que proporciona.

Monasterio de S. Zoilo
Tengo que atravesar todo el pueblo para cruzar el río Carrión por el puente que se encuentra en el otro extremo. Llego al hotel, que se encuentra en el monasterio benedictino de San Zoilo. Un magnífico edificio del siglo XI que ahora acoge un hotel de cuatro estrellas, sin duda el mejor que he visitado a lo largo de todo el Camino. La habitación combina una decoración apropiada a semejante sitio histórico con las comodidades de un buen hotel. Desde las ventanas se ve uno de los claustros.

Después de una ducha caliente para deshacerme del frío, voy al comedor, donde como opíparamente. Durante la tarde hago una rápida visita a la población. Entro en la antigua Iglesia de Santiago, quemada durante la guerra de Independencia y que ahora es un pequeño museo de arte sacro. Lo más destacado, su fachada románica, y la portada con una interesante colección de oficios de la época, entre ellos: la famosa bailarina contorsionista, acuñación de moneda, la plañidera, músicos, etc. Los capiteles muestran la lucha entre el bien y el mal. 

Carrión de los Condes, 21 de septiembre de 2019.


22 de Septiembre de 2019. (Terradillos de los Templarios)
Hoy también inicio la caminata algo más tarde, pasadas las ocho y media. Es domingo y tomo mi tiempo para desayunar abundantemente en el buffet del hotel. Hay charcos en el camino y hace fresco -10 grados-. El cielo está totalmente cubierto y sopla el viento, hoy de cara. Pero la previsión meteorológica es tiempo seco, así es que camino confiado. Hoy tengo por delante una etapa corta -25,5 kilómetros-, preludio de los 30 kilómetros de mañana y pasado. La ampolla del píe derecho, que atravesé con un hilo ayer, no me molesta. Espero no tener dificultad en completar todas las etapas y llegar a León.

Vía Aquitana
Entre Carrión de los Condes y Calzadilla de la Cueza median 17 kilómetros sin población alguna. Tan sólo un bar de circunstancias, aprovechando un contenedor, que a mitad de recorrido ha montado algún paisano emprendedor. Los últimos 12 kilómetros se hacen por una recta sobre el trazado original de una calzada romana -la Vía Aquitana- que unía Burdeos con Astorga. Hace más de 2000 años ya había caminantes que pisaban este mismo terreno. La Vía sigue siendo utilizada por vehículos y tractores, aunque afortunadamente son muy escasos.

El paisaje sigue siendo el castellano de Tierra de Campos, como los días anteriores. Si bien durante la primera parte del recorrido de hoy es más arbolado y verde. No paro en Calzadilla. Hay un bar con una gran terraza llena de gente. Quiero llegar pronto a mi destino, pues a pesar de haber reservado una habitación, no sé qué es lo que me voy a encontrar. Paro unos minutos a unos tres kilómetros.
De Calzadilla de la Cueza a Terradillos de los Templarios, el terreno es algo más abrupto. Un andadero paralelo a la carretera evita el asfalto de la N-120. Esta carretera es la que va siguiendo el Camino desde Logroño y con la que el peregrino se cruza una y otra vez.

Llego a Terradillos de los Templarios al cabo de cinco horas de andar. El albergue, de nombre pomposo, Jacques de Molay -último Gran Maestre de la Orden del Temple-, es el más sencillo en el que he estado hasta ahora. Una habitación con dos camas sin sábanas, una mesilla y una silla; baños comunitarios. El pueblo -antiguo señorío de la orden del Temple- tampoco tiene nada que ver. 

Alto Torbosillo
Dedico el tiempo a escribir y leer, y así descubro que según una leyenda la famosa gallina de los huevos de oro está enterrada en este pueblo: En el siglo XII había en las cercanías de Terradillos un hostal de peregrinos (hoy derruido) que llevaba el nombre de San Juan y que era protegido por los caballeros del Temple. Fue en este lugar donde los últimos templarios enterraron a la famosa gallina de los huevos de oro. Los vecinos han ubicado tradicionalmente en el Alto Torbosillo (al norte del pueblo) el emplazamiento donde se esconde el preciado animal. Según la leyenda, había en la localidad una parroquia, la de San Esteban (no se conserva en la actualidad), cuyo párroco llevaba cada año a Santiago un huevo de oro. Hasta que un día, el cabildo compostelano le dijo que no querían un solo huevo, que querían la gallina. Para que no se la pudiera llevar, los templarios la enterraron en el Alto de Torbosillo. La gallina está asociada desde tiempos inmemoriales con el preciado metal y también la Orden del Temple y su enriquecimiento, que algunos ligaban a su dominio del arte de la alquimia y, por tanto, la fabricación de cantidades ingentes de oro.

Terradillos de los Templarios, 22 de septiembre de 2019.


23 Septiembre 2019. (El Burgo Ranero)
Tras una noche en la que me ha sido difícil conciliar el sueño y después de tomar el tradicional desayuno del peregrino (café con leche, pan tostado con mantequilla y mermelada, y zumo de naranja), comienzo a caminar unos minutos antes de las ocho, todavía entre sombras. Me espera una larga andada -30,6 kilómetros-. A la salida de Terradillos de los Templarios encuentro el paisaje habitual de los últimos días: una pista que avanza entre campos de cereal y alguno de girasoles, no faltan árboles aquí o allá. Este paisaje me acompaña hasta el cercano Moratinos, que presume de bodegas excavadas en un montículo y casas de adobe (masa de barro mezclada a veces con paja). Observó que el adobe es muy empleado en las construcciones de toda la zona. Pasado Moratinos se encuentra San Nicolás del Real Camino -sonoros y grandes nombres para pueblos pequeños, como es frecuente en Castilla-, último pueblo del Camino de Santiago a su paso por Palencia. Me gusta caminar a estas primeras horas del día, solitario, en silencio. En el ambiente brumoso, la promesa de un nuevo día que aún no sabes que traerá.

Abandono la provincia de Palencia y entró en la de León -la provincia con más kilómetros de itinerario jacobeo-, aunque sorprendentemente no veo ningún cartel que lo señale. Parece que el paisaje también cambia poco a poco, el terreno se hace algo más movido, menos uniforme. Antes de entrar en Sahagún se encuentra el centro geométrico del Camino Francés, lo que significa que en dieciséis jornadas andarinas he cubierto la mitad del camino entre Roncesvalles y Santiago.

Santa María Peregrina
Al llegar a Sahagún hago el primer alto después de trece kilómetros. Un café y un poco de pudding mientras me descalzo las botas. Pregunto cómo llegar al Santuario de Santa María Peregrina y me dirijo allí. El Santuario, antiguo convento franciscano, es ahora un museo donde proporcionan al peregrino la acreditación de haber rebasado la mitad del Camino Francés. La “media Compostelana” como me dijeron en el albergue de Terradillos. Con el certificado en la mochila, procedo a iniciar la segunda mitad de la empresa.

Pasado Sahagún se llega a una bifurcación en la que se puede proseguir el Camino Real tradicional o desviarse por la Vía Trajana, a través de Calzada del Coto. El cruce está en una zona donde confluyen la N-120 y la autovía, y no debe estar muy bien señalizada. Yo me limito a seguir las marcas que me hacen cruzar la autovía por un puente de la carretera y me llevan al pueblo de Calzada. Atravieso el pueblo y encuentro otra bifurcación. El ramal de la izquierda, después de un trecho, vuelve a cruzar la autovía y conecta con el Camino Real. Aunque después de haber andado tres kilómetros más de los necesarios. Maldigo en mi fuero interno a los creadores de confusión que con malas artes hacen desviarse a los peregrinos para que pasen por delante de sus bares, restaurantes y tiendas. Es una picaresca que no es la primera vez que veo. Espero que Santiago les pida cuentas. Tampoco estaría de más que la Administración competente pusiese indicaciones claras para informar al peregrino de las opciones que se le presentan.
Una vez retomado el Camino, encuentro un sendero que discurre recto, paralelo a la carretera y bajo una hilera de plataneros de más de doce kilómetros, hasta El Burgo Ranero, mi destino de hoy. Aproximadamente a mitad de esa distancia se encuentra Bercianos del Real Camino, donde paro para comer una ración de morcilla de León (picado de morcilla a la plancha que se pone sobre pan tostado, como si fuera paté) y una cerveza. El alto para obtener la “media Compostelana” y el tiempo perdido en el rodeo involuntario hacen que hoy vaya con retraso y decida comer antes de llegar a mi destino, como hago normalmente. Finalmente, llego al albergue La Laguna a las cuatro de la tarde. A pesar de lo tardío de la hora no he pasado calor, la temperatura a esas horas era de 18 grados, atemperados por un viento fresco que hoy soplaba del suroeste.

El pueblo no tiene nada que ver. Una pequeña laguna con ranas, de ahí los nombres del albergue y del propio pueblo (Ranero). Un bar para cenar: sopa de cocido y bistec con patatas fritas. Se le han acabado los manteles de papel y la camarera me lo compensa poniéndome vino “del bueno”.

El Burgo Ranero, 23 de septiembre de 2019.

24 y 25 Septiembre 2019. (Arcahueja y León)
Antes de amanecer salgo del albergue y voy a desayunar al mismo bar de ayer. Me pongo en camino unos minutos antes de las ocho, hora en la que comienza a amanecer. Las calles están mojadas por la lluvia nocturna. El cielo preñado de nubes oscuras que presagian más lluvia. Sin embargo, el móvil dice que no lloverá hasta las dos de la tarde. Parece que hoy también tendré que apresurarme para llegar antes que lo haga la lluvia.
Retomo el Real Camino Francés. El paisaje hasta Mansilla de las Mulas es calcado al de ayer: una pista recta bajo una hilera de plataneros, paralela a la carretera -después de diez kilómetros, una única curva en el cruce con la vía del ferrocarril-. Extensas llanuras de cultivo con escasas ondulaciones y algunos árboles que se concentran en los cursos de los arroyos y canales de riego. El maíz comienza a ganar presencia y se hace mayoritario conforme avanzo. 

Como me espera otra larga etapa de 30 kilómetros, me digo que voy a seguir la rutina que me he fijado estos días: primera parada después de dos horas, algo más de diez kilómetros; me quito las botas durante diez minutos; un trago de agua. A continuación, otras dos horas de caminar. Nueva parada; botas fuera durante otros diez minutos; más agua para hidratarme bien; algo de comer: avellanas, almendras, chocolatinas... Hay que recuperar fuerzas para afrontar la última parte, siempre la más trabajosa, sobre todo cuando la temperatura ambiente se eleva al mediodía. En el último tercio de cada etapa hago paradas más frecuentes, no más de una hora seguida caminando. Bebo agua más frecuentemente y procuro mantener el ritmo de más de 5 kilómetros la hora. De esta manera hago los 30 kilómetros en algo menos de seis horas caminando, a lo que hay que sumar los altos: media hora aproximadamente. Llegada a las dos y media, buena hora para comer algo en el punto de destino.

En fin, es bueno hacer planes, pero hay que adaptarse a la realidad. Hoy, la realidad es que en el bar Gil de Reliegos hay buen café y buenos almuerzos, aunque yo sólo tomo bizcocho de manzana, excelente. Y en Mansilla de las Mulas hay mercado en la plaza: frutas y verduras, quesos y embutidos. No puedo dejar de echar un vistazo, aunque no esté dispuesto a cargar con más peso. Y en Puente Villarente, como su nombre indica, un soberbio puente de veinte ojos que hay que admirar desde la pasarela que acertadamente han construido para los peregrinos.

Puente Villarente
Pasado Mansilla de las Mulas, el Camino transcurre en su mayor parte pegado a la carretera N-601, obligando en muchas ocasiones a ir por asfalto. El paisaje se torna más urbano, anuncia la proximidad de la capital.

León
Después de un último alto cinco kilómetros antes de llegar, alcanzo mi destino: el hotel Camino Real de Arcahueja. Afortunadamente no se ha cumplido la predicción de lluvia y llego sin novedad a las dos y media. Ducha y comida en el hotel. Tarde de descanso; consulta de itinerario para mañana, de horarios de tren y autobús. Y tiempo para escribir estas líneas, como todos los días. Mañana completaré los siete kilómetros que me separan de la catedral de León, punto final de este viaje. E iré a coger el autobús o el tren de vuelta a Zaragoza. El resto del Camino, poco más de 300 kilómetros, me tendrá que esperar.

Arcahueja, 24 de septiembre de 2019.

8 de septiembre de 2019

Los dados.


Yo era feliz con Renata, razonablemente feliz. 

Antes de ella mi vida había estado dedicada exclusivamente al trabajo. Preocupaciones y sinsabores, para acabar siendo engañado por la persona en que confiaba, quien provocó la quiebra del negocio, dejándome como responsable ante tribunales, trabajadores y clientes. Abandonado al fin por mi esposa. Después de meses de fría convivencia y soledades compartidas, reproches en voz baja e insultos en voz alta, ella se fue junto con la vida desahogada y las comodidades que proporcionan el dinero.

Pero más tarde apareció Renata. Alta, de piel blanca y pelo moreno, largo y rizado, esbelta y misteriosa. Me enamoré perdidamente y supe que ya no habría otra mujer para mí. Que mi vida, desde ese momento, estaba en sus manos. Vivimos unos años dichosos en que éramos felices. Yo sólo quería estar a su lado, hablarle, conocer sus más profundos sentimientos. Aunque ella se mostraba reticente sobre su pasado, a veces callaba y la sentía ausente, lejana.

A Renata le gustaba el mundo esotérico y me dejé convencer para visitar una echadora de cartas. Aunque realmente lo que echó fueron unos dados con diferentes dibujos en cada una de las caras. En uno de los dados apareció una bombilla y la mujer me dijo que era la luz, una nueva vida, tal vez un nieto. Otro dado mostraba una herradura: buena fortuna. En el tercero aparecían dos caras, una sonriente, otra llorando. Aquí la mujer se puso seria y me dijo: “Veo un hombre más joven que tú. No te enfrentes a él. Tu mujer siempre lo amará más a él que a ti”. Yo, escéptico, hablé a Renata de las primeras premoniciones –la adivinadora no admitía acompañantes en sus sesiones–, cosas que se le pueden decir a la mayoría de la gente sin miedo a equivocarse. Y me olvidé del vaticinio.

Al cabo de unos meses mi hija me escribió que estaba embarazada, después de años de espera, finalmente un bebe crecía en su seno. Me sentí invadido por una plenitud vital. Poco después, acabaron los juicios por la quiebra de la empresa y el divorcio, de forma satisfactoria para mí, dadas las circunstancias. Entonces Renata me dijo: “No ves, incrédulo, como la adivinadora tenía razón”.

Y aquello fue el inicio de mi pesadilla. Recordé sus últimas palabras, grabadas a fuego en mi mente. Yo no podía perder a Renata. Prefería morir antes. El pensamiento se convirtió en obsesión. Comencé a desconfiar de ella cuando no estaba conmigo, la seguía. Renata tenía un pequeño apartamento en el que había vivido antes de conocerme, al que iba de vez en cuando. Uno de los días en que la seguía me pareció ver un hombre joven, apuesto, con barba recortada y ojos claros que salía del portal mientras Renata estaba en el apartamento. Muerto de celos me propuse vigilarla más estrechamente.

Yo me había hecho con una llave del apartamento y estaba muy atento a los acontecimientos. Le vi a él entrar detrás de ella y entonces decidí hacer frente al peor de mis terrores. Estaban en la cocina, Renata le cogía por las manos y le miraba embelesada. Yo, sin pensarlo, cogí un cuchillo que estaba sobre la mesa y lo aseste en el pecho de él. Le atravesé el corazón y cayó muerto al suelo. Renata gritó: “Has matado a mi hijo. ¡Asesino!”. La negrura que habitaba mi mente desapareció como un rayo y fue sustituida por una clara y fría angustia que me acompañará hasta el día de mi muerte.

Ya en prisión, supe que Renata había sido violada a los dieciséis años por su padre. Repudiada por su madre y, embarazada, fue abandonada a su suerte en medio de una sociedad hostil e inmisericorde.

Zaragoza, 8 de septiembre de 2019.

23 de marzo de 2019

Diario del Camino. De Logroño a Burgos.


Diario del Camino de Santiago. De Logroño a Burgos.

Caminar y contarlo.

Francisco Javier Aguirre Azaña

17 marzo 2019. (Logroño)

Llego a Logroño desde Zaragoza con el autobús de la tarde. Después de dejar la mochila en el hotel Murrieta, me dirijo a la cercana iglesia de Santiago el Real con intención de sellar la credencial (tarjeta del peregrino en la que se recogen los sellos como prueba de su paso por las diferentes etapas del Camino de Santiago).
Cuando entro en la iglesia, está anocheciendo. Encuentro que se está celebrando la misa y veo un sacerdote en un confesionario manejando una Tablet. Me acerco y le pregunto si puedo sellar la credencial. Me contesta amablemente que sí, en la sacristía, al finalizar la misa. Mientras espero observo la magnífica iglesia reconstruida en el 1500; altos muros de piedra que culminan en bóvedas de crucería; una imagen policromado de Santiago peregrino enfrente de la entrada; detrás del púlpito un gran retablo de varios pisos con escenas de la vida del Apóstol. Al finalizar la misa, me dirijo a la sacristía y el mismo cura estampa cuidadosamente el sello en mi credencial.

Fuente del Peregrino
A continuación voy a ver la cercana Fuente del Peregrino y después a deambular por las calles San Julián y Laurel.
Después de tomar un pincho de champiñón y unas patatas, más por necesidad que por disfrute, pues el tapeo en solitario no tiene ninguna gracia, vuelvo al hotel con idea de descansar y preparar la larga etapa del día siguiente: 29 kms. Me preocupa un poco que mis píes no aguanten las cinco jornadas de marcha que me esperan. Me sobra forma física y las piernas están fuertes, pero si me salen ampollas en los píes -como me ocurrió en Navarra- tal vez no pueda culminar mi intento.


18 marzo 2019. (Nájera)
Después de desayunar copiosamente -además de llevarme dos pequeños bocadillos de salchichón y una mandarina, para el camino-, inicio mi marcha recorriendo la avenida Marqués de Murrieta. Un kilómetro de paseo urbano, entre tiendas, peatones que inician su rutina semanal y tráfico que afortunadamente respeta los pasos cebra.

Al poco encuentro a mis píes la primera marca que señala el Camino. El encuentro me alegra como si me hubiera topado con un amigo al que no veía desde hace tiempo. Vamos a estar juntos durante unos días, disfrutando de la libertad de poder hacer lo que queramos, conocer lugares y paisajes antes no visitados y, tal vez, sufrir un poco: frío, lluvia, cansancio.
Atravieso el parque San Miguel y la ciudad empieza a desaparecer. Talleres y naves constituyen la transición entre el paisaje urbano y el rural. La autovía de circunvalación, que se salva mediante un paso elevado, es la frontera entre ambos mundos.

Hasta el embalse de la Grajera -a 5 kms de mi punto inicial- el camino está asfaltado. Repleto de mujeres y hombres, la mayor parte jubilados, andando en ambos sentidos. A partir de aquí, el camino se vuelve solitario e invita a la introspección. El día continúa frio, un ligero viento refresca la cara y las manos.
Antes de llegar a Navarrete paro para fotografiar los restos del hospital medieval de peregrinos San Juan de Acre. Un cartel advierte que su portada románica se trasladó cuando se demolió el edificio y ahora es la entrada del cementerio del pueblo. Efectivamente, se puede ver una vez sobrepasado el pueblo, a la izquierda del camino y es digna de una parada para contemplarla.
Navarrete es el centro alfarero más importante de La Rioja. El pueblo se sitúa en un monte que hay que subir, serpentear sus calles y volver a bajar por el otro extremo. Se pueden ver muchas casonas y palacios, con escudos en sus fachadas, pero en general mal conservados.

Vuelvo a caminar. El camino discurre entre viñas y algunas bodegas. Llevo un ritmo superior al que pensaba, poco más de 5 kms a la hora -una aplicación del móvil me informa puntualmente-. Tres horas, he vencido la primera mitad del recorrido y los pies no se resienten. El sol intenta aprovechar los intersticios entre las nubes de color gris, pero el ambiente se mantiene fresco. En algún momento cae una fina lluvia, pero no molesta. No vale la pena parar para sacar de la mochila el gorro o la capa de lluvia.
A la altura del pueblo de Ventosa, sucede algo curioso. En una vuelta del camino veo otro camino que se une por la derecha al que yo llevo siguiendo las indicaciones. También parece un camino seguido por los peregrinos. De hecho alguien viene caminando por él. Continuó y al poco me sobrepasa la figura de una mujer con una larga cabellera pelirroja. “Buen camino” la saludo. Pero ella, huraña, contesta algo inteligible, ni siquiera sé en que idioma, y continúa acelerando el paso. Toma la desviación hacia Ventosa, que luego vuelve al camino principal. Un kilómetro extra. Yo sigo por el camino principal. 

Roldán y Ferragut
Llego al Alto de San Antón, desde donde ya se divisa Nájera, Alesón y Tricio, la Sierra de la Demanda en la lejanía. Un poco más adelante se encuentra una elevación de terreno denominada el Poyo de Roldán. Según la leyenda, aquí tuvo lugar la batalla entre Roldán, sobrino de Carlomagno, y el gigante Ferragut, un musulmán procedente de Siria, cuya principal característica era su fuerza e invulnerabilidad. Enfrentados en Nájera los ejércitos musulmán y cristiano, Ferragut retó a un combate singular a cualquier cristiano que quisiera luchar con él. Roldán aceptó y combatieron todo el día, rompieron sus lanzas y espadas, los caballos murieron y el combate no estaba decidido. Así es que se fueron a descansar por la noche y continuaron al día siguiente con el mismo resultado. En un descanso en la lucha, los contendientes conversaron caballerosamente y Ferragut confió a Roldán el secreto de su invulnerabilidad: sólo podía ser herido en el ombligo. Al día siguiente continuaba la lucha. Roldán fue inmovilizado por el peso del gigante e iba a morir asfixiado cuando logró coger su daga y clavársela a Ferragut en el ombligo, matándolo. Los musulmanes se retiraron de Nájera.

Un kilómetro antes de entrar en Nájera hay una zona de descanso. Paro allí y me como los bocadillos que llevo en la mochila. Mientras tanto van pasando delante los peregrinos que había visto durante la mañana: los japoneses que saludan educadamente, y la mujer pelirroja. También otra mujer que camina sola y dos hombres más que hablan en inglés.
En Nájera me hospedo en un sencillo hostal, el Hispano, y por la tarde recorro el centro histórico que se extiende paralelo al río Najerilla, de ancho cauce. El monasterio de Santa María la Real -panteón de los reyes de Nájera-Pamplona, antecesor del reino de Navarra- está cerrado por ser lunes. Tampoco puedo acceder a la iglesia de Santa Cruz, así es que me limito a admirar los edificios por fuera. Santa María la Real fue mandada construir en el año 1052 por el rey Don García Sánchez III “el de Nájera”. Su fundación tiene su propia leyenda: El monarca, encontrándose de cacería, siguió a su halcón que a su vez perseguía a una paloma hasta una cueva donde encontró una misteriosa imagen de la Virgen y junto a ella un jarrón de azucenas, una campana y una lámpara. Las dos aves se encontraban allí, quietas, una a cada lado de la imagen. Encima de la cueva se construyó el monasterio.

19 marzo 2019. (Santo Domingo de la Calzada)

Amanece nublado. Cae una fina lluvia. El pronóstico es que lloverá a lo largo de la mañana. Después de desayunar en el hostal, inicio la jornada. Hoy, tan sólo 21 kilómetros hasta Santo Domingo de la Calzada. Encuentro el camino prácticamente vacío. Sólo veo tres personas más que caminan delante de mí.

En Azofra entró en un bar y tomo un cortado. Pasado este pequeño pueblo el paisaje ondulado comienza a cambiar, las viñas que desde Logroño eran mayoritarias y se extendían a lo largo de todo el campo visual, comienzan a dar paso a cultivos de cereal. Las plantas apenas levantan un palmo del suelo y son de un fuerte color verde, brillante y luminoso. El terreno ondulado y zigzagueante está parcheado de fincas verdes y otras marrón tierra, perfectamente labradas. Todavía alguna viña, pero cada vez menos.

Cuando llego al pueblo siguiente, Cirueña, comienza a llover fuerte. No puedo fijarme en el pueblo, en el que hay campo de golf junto al camino y urbanizaciones de viviendas muy nuevas. Tengo que sacar la capa de lluvia de la mochila y ponérmela. Continúo andando bajo la lluvia, deprisa, mirando el suelo por el que comienza a correr el agua y en el que empieza a formarse barro. La tierra arcillosa se pega a la suela de las botas y ralentiza el avance. Al cabo de quince minutos, el chaparrón amaina y unos tímidos rayos de sol luchan con las nubes grises. Aparecen algunos intervalos de cielo azul, limpio. Pero las nubes ganan finalmente la batalla, aunque no vuelve a llover. Enseguida veo la torre de la catedral de Santo Domingo de la Calzada, que se eleva sobre el resto de edificaciones como un faro de peregrinos.

Al comienzo de la quinta hora de marcha, llego a mi destino. Tomo un bocadillo y una cerveza en un bar y me dirijo a la Hospedería Cisterciense, regentada por monjas. La habitación es luminosa, limpia y confortable. En el lavabo hago la colada: calcetines, calzoncillos, camiseta y las perneras del pantalón que están manchadas de barro. También tengo que limpiar el barro de las botas en la ducha. Después coloco todo junto a los radiadores de calefacción para que se seque. Una gratificante ducha de agua caliente me devuelve el calor que la fría y húmeda mañana me había arrebatado.
Campanario
Por la tarde recorro el centro histórico. Veo de cerca la magnífica torre del campanario, separada del edificio de la catedral. La visita de la catedral bien vale los tres euros que como peregrino tengo que pagar. Lo más destacable es la tumba del Santo, el retablo mayor -cuyos detalles se pueden apreciar gracias a una gran pantalla táctil que el visitante puede manejar- y por supuesto el gallinero, con un gallo y una gallina, enfrente de la tumba.
Aquí, quizás la más conocida y la más internacional de las leyendas de la ruta jacobea: el milagro del ahorcado y del gallo y la gallina. Un matrimonio alemán y su joven hijo, Hugonell, se dirigen en peregrinación a Compostela. Al llegar a Santo Domingo se hospedan en un mesón. La hija del posadero se enamora del joven, pero al no ser correspondida decide vengarse ocultando una copa de plata en el equipaje del joven. Cuando éste abandona la ciudad la muchacha denuncia el robo. Al ser capturado, se encuentra la copa entre sus pertenencias por lo que es acusado de robo y condenado a la horca. Al día siguiente, sus padres, antes de emprender el viaje, van a ver el cuerpo de su hijo, quien sorprendentemente estaba vivo y les dice: “El bienaventurado Santo Domingo de la Calzada me ha conservado la vida contra el riguroso cordel… dad cuenta de este prodigio”. Los padres acuden a contar el suceso al corregidor de la ciudad, pero éste, escéptico, comenta que el joven está tan vivo como el gallo y la gallina asados que se dispone a comer. Al instante las aves recuperan las plumas y la vida, dando fe del portentoso milagro. De ahí el dicho: “Santo Domingo de la Calzada donde cantó la gallina después de asada”.
San Giacomo (Bolzano)

Exactamente la misma historia se puede leer en la iglesia de San Giacomo en Valgardena, en el Sudtirol italiano (Bolzano). Aunque allí atribuida a unos nobles ladinos en peregrinación a Santiago.

A la hora de cenar tengo dificultades para encontrar un sitio apropiado. Los restaurantes que había visto por la tarde están cerrados. Los dos que están abiertos junto a la catedral no tienen menú de peregrinos y las cartas amenazan con unos precios que no estoy dispuesto a pagar para cenar solo. Finalmente entro en un bar con comedor donde no hay nadie más y pido unas patatas a la riojana y un filete de ternera con patatas y pimientos. Nada del otro mundo, pero sacian el hambre acumulado en el día.

20 marzo 2019. (Belorado)
El desayuno de la Hospedería me defrauda bastante. Me confirma que eso de que las monjas preparan buenas comidas es un mito injustificado. Café malo -encontrarlo bueno no es fácil, pero éste está por debajo de unas expectativas no muy exigentes-, galletas con sabor a coco y magdalenas con sabor a limón, todo industrial. Jamón de York y queso insípido. Me recuerda un desayuno similar, también en un convento de Florencia. Sin embargo, la monja que me atiende, con una piel tan negra como el humor que me deja la colación, es simpática y parlanchina. Atiende también a otro huésped solitario, que se sienta al otro extremo del salón. Ayer me crucé con él en el ascensor y volveré a encontrarlo más adelante -pero eso llegará a su debido tiempo-. Parece muy reservado, apenas contesta a mis saludos. La risueña monja de hábito blanco y piel oscura me cobra después del desayuno y me desea buen camino.

Puente rio Oja
Inicio la caminata. Salgo de Santo Domingo de la Calzada cruzando el largo puente que se levanta en el lugar donde hace casi mil años el Santo construyó el suyo para permitir a los peregrinos vadear el rio Oja. El día está frío, pero la ausencia de lluvia hace presagiar una buena jornada para caminar. 
Apenas 6 kms más adelante, llego al último pueblo de La Rioja: Grañón. Las indicaciones del camino hacen subir al pueblo, aunque se podría bordear por el norte ahorrando algo de esfuerzo al peregrino. Este peregrino, al menos, se consuela pensando que podrá tomar un café que le quite el mal gusto del desayuno. En la calle Mayor hay varios bares, pero sorprendentemente todos cerrados. Me siento estafado y me consuelo pensando en mi venganza, ya que haré saber a todos los que lean esto la felonía de ese pueblo que desampara al peregrino que hace un esfuerzo suplementario subiendo su empinada cuesta.
Un poco más adelante un cartel informa que se abandona La Rioja y se entra en Castilla y León, en la provincia de Burgos. Su primer pueblo, Redecilla del Camino, sí que ofrece la oportunidad de tomar un cortado en un bar atendido por un camarero ecuatoriano, según me parece entender. En el bar, tres peregrinos más: una pareja española y el angloparlante de la mochila con bandera suiza que vi el primer día. Se ponen en marcha antes que yo y luego los vuelvo a encontrar en el hotel de Belorado.

El siguiente pueblo que atravieso es Viloria de Rioja. Un cartel informa qué es aquí donde nació Santo Domingo de la Calzada y que la pila en que fue bautizado se conserva en la iglesia. La iglesia está cerrada y no puedo visitarla.
Belorado
Gran parte del camino corre paralelo y cercano a la carretera nacional que une Logroño con Burgos. La visión y, sobre todo, el ruido de los numerosos camiones que por allí circulan, no lo convierten en un tramo agradable para el peregrino que quiera huir del mundanal ruido. Después de cinco horas y 22,5 kms llego al final de la etapa. En un principio, Belorado me parece un pueblo pequeño, como los que he recorrido hoy, pero por la tarde me doy cuenta que es una población grande y con mucha historia. Lugar estratégico para controlar el camino jacobeo, frontera con los musulmanes primero, entre Castilla y Navarra después. Alfonso I el Batallador le concedió fueros y privilegios para fijar a sus moradores, y se construyeron castillo y murallas. Tiene un curioso museo de radiocomunicación con reconstrucciones de una trinchera de la I Guerra Mundial y el berlinés checkpoint charlie -con su tanque M60 real-, entre otras, y en sus calles se pueden ver las huellas (29) en bronce de manos y pies de personajes famosos como Espido Freiré, Indurain, Romay o Carlos Herrera.

El hotel, La Huella del Camino, es completamente nuevo, y ofrece unas instalaciones modernas y confortables. La mejor relación calidad-precio hasta ahora. Como llego temprano, después de ducharme bajo a comer: alubias rojas con morcilla de la región, carrilleras estofadas con vino y leche frita. Recomendable. El vino sigue siendo Rioja y es bueno, lo tomo sólo, sin bautizar con gaseosa, que es como acostumbro a tomar el vino que sirven con los menús.
En el restaurante del hotel vuelvo a ver, sentado en la mesa de al lado, al hombre silencioso de la Hospedería de Santo Domingo de la Calzada. Lo he visto en varias ocasiones, siempre sólo. Dice a la camarera que está esperando a alguien, que le sirva sólo el vino. Unos minutos después aparece la que catalogué como huraña mujer pelirroja de Ventosa, la que me había inspirado la idea de un relato truculento el primer día y que no encuentro tiempo de poner sobre el papel. 

21 marzo 2019. (Atapuerca)
Hoy me espera la etapa más dura del tramo Logroño-Burgos: 30 kms; atravesando Montes de Oca, con 500 metros de subida.  Después de desayunar en el hotel, me pongo en marcha antes de las 8,30 -como todos los días-. La temperatura es de dos grados bajo cero, aunque el día está despejado y soleado. La temperatura va subiendo a lo largo de la mañana, hasta alcanzar los once grados a mitad del día. El ambiente fresco, la brisa ligera y los rayos del sol se combinan para proporcionar un ambiente ideal para caminar.

Los pequeños pueblos del camino van pasando como si se tratase de una película en que es el decorado, no el personaje, lo que se mueve: Tosantos; Villambistia; Espinosa del Camino (donde tomo café). Nombres sonoros, pero pueblos pequeños: unas cuantas casas alrededor de una iglesia.

Montes de Oca
Llego a Villafranca Montes de Oca, donde el camino cruza el pequeño rio Oca, e inicio la ascensión hacia la fuente Mojapán. A partir de ahí, casi once kilómetros a una altura de unos 800 metros, entre bosques de robles y pinos. El paisaje es espectacular y el día perfecto para caminar. Mantengo un ritmo de más de 5 kms por hora. Me resulta el tramo más reconfortante de todo el recorrido.
Esta región era peligrosa para los antiguos peregrinos, dado que sus únicos habitantes eran los bandoleros. También, según algunos esotéricos, es la que dio nombre al famoso juego de la Oca, en el que el caminante está sometido a vicisitudes diversas, muchas de ellas adversas, antes de alcanzar su objetivo.

S. Juan de Ortega
Por fin llego a San Juan de Ortega, con su monasterio e iglesia. Imagino la alegría que debía embargar a los peregrinos cuando alcanzaban este lugar erigido en su beneficio, después de superar los agrestes montes. Aquí, junto a las entradas de la Iglesia y el convento, que forman una bonita plaza, no puedo resistirme a sentarme en la terraza de un bar y pedir un bocadillo de tortilla de atún recién hecha y una cerveza. Dos o tres gorriones se acercan, supongo que muertos de hambre. Se turnan en revolotear muy cerca de mi cabeza y posarse en la mesa, junto al bocadillo. Uno de ellos incluso lo picotea. Les distribuyó equitativamente algunas migas de pan y se van con ellas en sus picos, parece que satisfechos.

Cuando termino el bocadillo continúo la marcha, quedan apenas 6 kilómetros. Hoy veo más gente en el Camino, parece que con el buen tiempo, la cercanía del fin de semana o el simple discurrir de los días, el número de peregrinos se va incrementando. Atravieso el pequeño pueblo de Agés y llego a mi destino, Atapuerca. Menos de seis horas de marcha efectiva. Estoy cansado, pero con los pies en perfecto estado, sin problemas de rozaduras o ampollas. Antes de entrar en el pueblo, a mi derecha, veo una gran estructura, como una inmensa nave industrial, y algunos coches que la abandonan. Es el sitio arqueológico, pero está a una distancia suficiente como para hacerme desistir de visitarlo.

La pensión que había reservado es rústica, con muebles viejos, y a falta de una reforma general. El baño fuera de la habitación, la señora me dice que lo tengo para mí sólo, puesto que soy el único huésped en la planta. En fin, una noche se pasa de cualquier manera.
El pueblo no tiene nada que ver. La única atracción, en las afueras, es el sitio arqueológico, donde se encuentran los restos humanos más antiguos de la península ibérica. Hace frío. No hay gente en la calle, sólo dos o tres hombres en un bar junto a la carretera. 
Paso la tarde en la pensión. En la planta baja, a la entrada, hay una barra de bar y en frente algunas mesas con un televisor encendido, aunque nadie le haga caso. Pido un café con leche y me acomodo en una mesa y me pongo a escribir estas líneas. También ceno allí: revuelto de ajetes y lomo de ternera. El comedor es bonito, de estilo rústico con decoración recargada: aperos y multitud de objetos, un palomar simulado en una esquina. El conjunto es agradable. Charlo un rato con los dueños que me preguntan por mi viaje y me cuentan también parte de su vida.

22 marzo 2019. (Burgos)
Atapuerca
Después de desayunar, con un contundente par de huevos fritos en aceite de oliva en el coleto, abandono Atapuerca. El día no es tan frio como los anteriores. Está despejado y con un sol luminoso, promesa de un bonito día primaveral.
Al final del pueblo, hay que coger el camino que a mano izquierda se interna en la sierra de Atapuerca. Se sube entre encinas que crecen en un suelo pedregoso. Al llegar al punto más alto, una cruz. La vista es espectacular. Un poco más adelante, cuando el camino empieza a descender, se ve Burgos a lo lejos. Una vez que se inicia el descenso se pierde la visión de la ciudad y enseguida el camino se convierte en carretera asfaltada que ya no se abandona hasta llegar a Burgos. Atravieso Cardeñuela Ríopico y Orbaneja Ríopico. Afortunadamente el tráfico es escaso.
Hay que atravesar la autopista por un paso elevado y después bordear el aeropuerto por su parte norte hasta llegar a Villafría. Entre casas adosadas modernas se llega al polígono industrial que hay que recorrer y que se une al polígono de Burgos. De los 20 kms de la etapa, más de la mitad son por asfalto y los ocho últimos discurren entre polígonos industriales y las calles de la propia ciudad de Burgos. Lo que hace de esta etapa, quitando el paso por la sierra de Atapuerca, la más fea de todo el recorrido.
Burgos

En menos de 4 horas llego ante la escalinata de la Catedral de Burgos, donde pido a una chica que me haga una foto para dejar testimonio de que he finalizado el recorrido que me había propuesto para esta ocasión. Después de sellar la credencial del peregrino en la catedral doy por finalizado –de momento– mi viaje, y me dirijo a la cercana estación de autobuses para coger el primero que me lleve de vuelta a Zaragoza.

Zaragoza, 23 de marzo de 2019.

22 de febrero de 2019

Recuerdos de la infancia.

La infancia es como un viaje en un tren de cercanías, que avanza lentamente, parando en todas las estaciones, pero que inexorablemente llega a su final y tenemos que bajarnos aunque no queramos.

Durante mi infancia yo alcancé a subirme en aquellos vagones antiguos, de hierro, ventanas que se deslizaban hacia abajo para que el aire refrescara a los pasajeros y bancos corridos de madera a ambos lados de un pasillo central. Eran los de tercera clase, al final del convoy. Precedidos por los de segunda, más modernos, más limpios, que utilizábamos más frecuentemente porque valía la pena pagar un poco más. Los de primera, no forman parte de mi niñez. Esos sólo los conocí más adelante.

El tren nos llevaba a la estación de Atocha. Era una estación en fondo de saco, un edificio de grandes dimensiones, de ladrillo e hierro forjado. El trasiego de viajeros, ferroviarios, maleteros, vendedores y simples mirones era continúo, siempre vigilados por alguna pareja de la guardia civil. Bajábamos del tren donde ahora hay un bosque tropical con plantas acuáticas, cientos de ranas y peces de colores. Actualmente, Atocha es otra cosa. Ya no es el destino de los viajes de mi niñez. El lugar donde me compraban una mirinda y un bocadillo de calamares, que además de a bocados, se ingería aspirando el vapor del aceite en que se freían, que emanaba de grandes sartenes.

La infancia es novedad, descubrimiento, primeras veces y también aburrimiento. Bocadillos de pan con aceite y azúcar, cumpleaños de galletas Cuetara envueltas en fundas de colores. Canicas, chapas y tabas, tebeos y cromos. Pedradas, tirachinas y arcos hechos a mano. Pesetas, quioscos de chucherías y botellas de cristal de La Casera, con tapón de cerámica, goma y metal. Excitantes noches de verano en libertad. Libros, exámenes, castigos de rodillas frente a la pared y temidas notas.

Durante mi infancia apareció la televisión. En verano, los vecinos se agrupaban frente a las ventanas para verla mientras tomaban el fresco en la calle, sentados en sillas de madera. A mí lo que más me gustaba eran las aventuras de unos viajeros del espacio que iban de galaxia en galaxia. Al poco murió mi abuelo. Un señor alto, que vivía con nosotros un mes sí y otro no. Vestido de negro, que al caminar se apoyaba en un bastón de madera. Afable. Siempre me daba una peseta cuando no lo veía mi madre. Mi madre dijo que había que guardar el luto: un año. Pero la televisión era una cosa nueva y no debía estar muy claro cual era la regla aplicable. Mi madre dijo que tendría que ser al menos seis meses. Ante mis protestas y lamentaciones, reconsideró: empezaríamos por tres meses, luego ya veríamos. Pero mis súplicas infantiles hicieron efecto. La televisión se volvió a encender a la semana.

Zaragoza, 22 de febrero de 2019.

19 de febrero de 2019

Mesa en la sombra.

El sol poniente entra por el ventanuco de mi celda de la vetusta cárcel napolitana de Poggioreale. La sombra de los tres barrotes se proyecta sobre la pequeña mesa de formica adosada a la pared desconchada. A pesar del calor sofocante de las tardes de estío que impregna este calabozo infecto, me gusta sentarme en la silla de plástico blanco mirando a lo alto, a través de la ventana, y ver el cielo brumoso que se va anaranjando hasta transformarse en negrura luminosa al otro lado de los barrotes.

Y me gusta recordar otra mesa. La mesa alargada, de madera maciza, bajo la sombra de un frondoso limonero y esbeltos pinos en el jardín de mi casa en la ladera del monte Posillipo, dominando la sublime curva de la bahía de Nápoles, con la doble joroba del Vesubio al fondo. Cuando en tardes como esta recibía al “sindico” y sus concejales, diputados y senadores, cónsules y empresarios que se apresuraban a acudir cuando les llegaban mis invitaciones a las cenas de diez platos que prodigaba cada verano.

Yo, un humilde hijo de ferroviario, que me había hecho hombre peleando en las calles del Puerto y que había llegado a la cúspide del “sistema” [camorra napolitana] gracias a mi resolución y perspicacia en los negocios. Al que todos respetaban y solicitaban favores. Al que adulaban porque podía encumbrarlos y temían porque podía arruinarlos. El que hacía florecer el dinero en medio de la inmundicia y el sufrimiento. Quién había llegado a acumular tanta influencia que se había convertido en una amenaza para muchos. Hasta que me detuvieron por un estúpido asunto de evasión de impuestos preparado por abogados corruptos. Como si me importasen algunos miles de euros más o menos.

Y ahora, durante varios años, sólo puedo ver pasar las nubes a través de los tres barrotes del ventanuco de mi celda, sentado ante esta nauseabunda mesa carcelaria. Recordando la mesa alargada, de madera maciza, traída de la casa de mis padres, bajo la sombra vespertina del limonero de mi jardín en el Posillipo.

Zaragoza, 19 de febrero de 2019.

4 de febrero de 2019

Órdago

Breve incursión en el género policíaco / negro. El protagonista, José Cherleston (Chele), es un detective privado con una vida de desventuras, trampas y engaños.

Órdago *

23 de enero de 2019

El modelo español de Seguridad Nacional.


En la primera parte se presenta de forma sucinta el concepto y la arquitectura de la Seguridad Nacional en España, atendiendo al ordenamiento jurídico y documentos relevantes, tal como la Estrategia de Seguridad Nacional aprobada por el Gobierno. Incluye una breve historia de su desarrollo y como se ha alcanzado la situación actual, momento en el que a juicio del autor es necesaria una reflexión sobre el camino a seguir, corrigiendo algunas incongruencias y potenciando el sistema de Seguridad Nacional. En la segunda parte se exponen una serie de propuestas que podrían servir como punto de partida para un debate que se estima necesario.

El objeto de este trabajo es precisamente ese, el de servir como punto de reflexión y propiciar un debate que contribuya al desarrollo del sistema de Seguridad Nacional, entendido como el conjunto de normas, estructuras, organismos y recursos humanos, materiales, técnicos e intelectuales que tienen la finalidad de amparar la seguridad del Estado y de sus ciudadanos, marco sin el cual estos no podrían ejercer sus derechos y libertades, ni tener garantizado su bienestar y prosperidad. Va dirigido a todos aquellos que se sientan concernidos o interesados por el tema. Está basado en la experiencia del autor y se recoge la opinión del mismo, entendiendo que habrá otras opiniones igualmente bien fundamentadas, distintas e incluso contrarias, pero con el convencimiento de que es necesaria una reflexión sobre el camino a seguir.



   El modelo español de Seguridad Nacional (I). *


22 de enero de 2019

Contrainteligencia y Seguridad.

¿Qué es Contrainteligencia y Seguridad? 


En un artículo anterior se expuso el concepto y características fundamentales de la Inteligencia, y se describió el ciclo de inteligencia. No se puede hablar de Inteligencia sin hablar también de Contrainteligencia y Seguridad. Inteligencia, Contrainteligencia y Seguridad son tres aspectos inseparables del mismo concepto. Cualquier agencia o servicio de inteligencia dedica parte de su estructura y de su personal a la contrainteligencia y seguridad, bajo el mando directo de su Director.

En este artículo se exponen sucintamente los conceptos y algunos aspectos básicos de la Contrainteligencia y Seguridad.

Concepto de Contrainteligencia.
Contrainteligencia (CI) es el conjunto de actividades orientadas a prevenir, detectar, identificar y neutralizar las acciones de los servicios hostiles y las organizaciones o individuos que pongan en riesgo los intereses y la seguridad propia mediante acciones de espionaje, terrorismo, ciberataques, sabotaje, subversión o actividades criminales.

Cualquier servicio de Inteligencia desarrolla una actividad de Contrainteligencia con objeto de proteger su información sensible, personal, instalaciones, equipos y operaciones de la acción de servicios, organizaciones o individuos hostiles.

Contrainteligencia es por tanto la Inteligencia en beneficio de la Seguridad. Su objeto es el conocimiento, entendimiento y comprensión de las vulnerabilidades, amenazas y riesgos para tomar decisiones sobre las medidas de seguridad a adoptar para mantener la información sensible inviolable y las instalaciones, el equipamiento y el personal seguro.

Como parte de la Inteligencia, la Contrainteligencia se obtiene a través del Ciclo de Inteligencia. Las necesidades de información de contrainteligencia deben formar parte del plan de obtención de inteligencia. También se pueden canalizar como peticiones de información (RFI), a través del proceso de gestión de las necesidades de inteligencia (IRM).

Las operaciones principales de Contrainteligencia son: el enlace con los cuerpos de policía y organizaciones de inteligencia, para obtener y corroborar información; captación, tratamiento y explotación de fuentes humanas de información mediante HUMINT; investigaciones de antecedentes del personal, tanto del hostil o adversario como también del propio que pudiera suponer una amenaza a la Seguridad; análisis de CI para desarrollar un mayor conocimiento de las vulnerabilidades y amenazas a la Seguridad; y obtención de Inteligencia en general. Las investigaciones y los análisis de CI pueden emplear: entrevistas personales; comprobación de expedientes y antecedentes; medios técnicos para grabación de audio, imágenes, video, etc.; informática forense; investigaciones encubiertas; vigilancia y contravigilancia pasiva encubierta.

Concepto y categorías de la Seguridad.
Seguridad es la condición que se alcanza cuando la información, el personal, las actividades, los equipos y las instalaciones se encuentran protegidas contra las amenazas que representan las acciones de espionaje, terrorismo, ciberataques, sabotaje, subversión o actividades criminales, de servicios, organizaciones o individuos hostiles. Protege particularmente de la pérdida o revelación no autorizada de información clasificada.

No existe Seguridad total (al 100%). La Seguridad se logra mediante diferentes medidas defensivas o protectoras que se dimensionan en función de la “valoración de la amenaza” o análisis de las capacidades, facultades, métodos e intenciones de servicios, organizaciones o individuos hostiles y sus respectivos medios, considerando las vulnerabilidades de los objetivos que más probablemente pueden ser atacados.

Seguridad es un concepto integral que debe incluir todos los aspectos a proteger. Se pueden considerar diferentes categorías:

Seguridad de la información. 
La seguridad de la información es el conjunto de medidas preventivas y reactivas con objeto de proteger la información, buscando mantener la confidencialidad, la integridad y la disponibilidad de la misma.

La información es el activo más importante que tiene una agencia o servicio de inteligencia. Información es todo conocimiento que puede ser comunicado, presentado o almacenado en cualquier forma (documental, audio, video o digital).

Según la Web pública de la Oficina Nacional de Seguridad del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Información Clasificada es cualquier información o material respecto de la cual se decida que requiere protección contra su divulgación no autorizada y a la que se ha asignado, con las formalidades y requisitos previstos en la legislación, una clasificación de seguridad. La información puede estar clasificada en distintos grados en función del perjuicio que puede ocasionar su difusión no autorizada. En España los grados reconocidos, de mayor a menor, son: SECRETO, RESERVADO, CONFIDENCIAL y DIFUSIÓN LIMITADA.

A su vez, se debe distinguir entre información clasificada nacional o extranjera (propiedad de otros países u organizaciones internacionales, como OTAN o Unión Europea). La cesión e intercambio de información clasificada entre estados, o entre un estado y una organización internacional se realiza de acuerdo con los tratados internacionales o bilaterales suscritos entre las partes. En estos casos, y para el adecuado tratamiento de esta información, se establece una tabla de equivalencias entre los grados de una y otra parte, con la finalidad de dar un tratamiento equivalente a la información clasificada extranjera de grado equivalente a la nacional.

Atendiendo al grado de clasificación, las medidas de protección son más o menos exigentes. Pueden llegar desde el almacenamiento de los secretos en cámaras acorazadas de acceso restringido y controlado, hasta la simple obligación de guardar bajo llave sencilla los documentos de difusión limitada.

Ciberseguridad.
La ciberseguridad o seguridad informática debe ser considerada de forma separada a la seguridad de la información.

La ciberseguridad o seguridad informática está relacionada con la informática y la telemática y tiene por objeto la protección de la infraestructura computacional y todo lo relacionado con esta, especialmente, la información almacenada, procesada y transmitida a través de las redes informáticas. La seguridad informática es la que se encarga de diseñar las normas, procedimientos, métodos y técnicas destinados a conseguir un sistema de información seguro y fiable.

Seguridad personal.
Aquellas medidas tomadas para excluir o restringir el acceso al material o información clasificada por personas cuya lealtad, fiabilidad u honestidad pueda estar en duda.

La seguridad personal no debe entenderse como seguridad del personal que trabaja para un organismo, agencia o servicio de inteligencia, sino como la seguridad de dicho organismo de inteligencia frente a posibles actuaciones de personas que pueden ser lesivas para la organización.

El factor humano es el mayor riesgo que enfrenta una agencia o servicio de inteligencia. La historia muestra muchos casos de personas que cambian sus lealtades debido a que son captadas por servicios, organizaciones o individuos hostiles por razones muy variadas: ambición, chantaje, ideología, reconocimiento personal, sexo…

Los principios fundamentales de seguridad personal son:

1- Que la información clasificada puede ser manejada sólo por personas que tengan “necesidad de conocer” esa información en concreto para el desempeño de su trabajo.

2- Que estén en posesión de una habilitación personal de seguridad del grado adecuado.

3- Que estén autorizadas por sus superiores jerárquicos.

Habilitación personal de seguridad (HPS) es una acreditación concedida por la autoridad a una persona determinada que cumple los criterios necesarios para acceder a información clasificada. En España, la Oficina Nacional de Seguridad del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) es el organismo que concede, deniega o retira la HPS. No es un servicio abierto al ciudadano, sino a los organismos oficiales de seguridad (españoles y extranjeros), que son los que determinan la necesidad de que determinadas personas, que prestan sus servicios en ellas, dispongan de la HPS para que puedan acceder a su información clasificada de grado CONFIDENCIAL o equivalente y superior.

Seguridad física.
Seguridad física es la parte de la Seguridad que tiene que ver con los mecanismos y las medidas físicas que tienen por objeto la protección del personal e impedir el acceso no autorizado al equipamiento, las instalaciones, el material y documentos sensibles para salvaguardarlos contra acciones de espionaje, terrorismo, sabotaje, cualquier otro tipo de daño o robo.

La Seguridad física se materializa en el personal de seguridad, las barreras físicas y los controles de acceso a las instalaciones de los organismos de inteligencia.

Es aquí donde se incluye la seguridad del personal que trabaja para un organismo de inteligencia. La medida más importante es la protección de la identidad de dicho personal, cuya confidencialidad se debe mantener y nunca se debe hacer pública. En el caso de los directores y personal cuya identidad es públicamente conocida es necesario el uso de medios materiales como escoltas, equipos de protección personal, coches blindados, etc.

Seguridad de las operaciones.
Es un proceso cuya finalidad es dar protección a las operaciones llevadas a cabo por personal de inteligencia, normalmente para obtener información. Utiliza medidas activas y pasivas para denegar a posibles adversarios el conocimiento de las disposiciones, capacidades o intenciones propias.

La seguridad operacional es un elemento esencial en el planeamiento de una operación de inteligencia. Si no se garantiza un nivel adecuado de seguridad al personal que debe tomar parte en una operación de inteligencia, dicha operación debe ser abortada.

Seguridad de la organización.
Lo que aquí denominamos como seguridad de la organización no es considerada habitualmente al mismo nivel que el resto de categorías anteriormente expuestas. Sin embargo, cada vez es más necesario considerar una nueva categoría que trate aspectos relacionados con la imagen institucional de los organismos de inteligencia, sus actividades relacionadas con la diplomacia corporativa (relaciones con otros organismos oficiales y no oficiales), perfil público y promoción de aspectos culturales.

En nuestros días, la posibilidad de utilizar medios clásicos de comunicación social, redes sociales y otros medios de ámbito global para propagar noticias falsas o difundir información clasificada supone una amenaza que debe ser considerada por el personal de seguridad. Igualmente, la promoción institucional y la difusión de la cultura de inteligencia necesaria en un entorno de transparencia pública se deben hacer compatibles con la ineludible reserva que se debe mantener por motivos de seguridad.

Protección de fuentes.
Este es el aspecto más sensible de cualquier organismo de Inteligencia. La identidad de sus fuentes no puede ser desvelada bajo ninguna circunstancia, por dos razones principales: en primer lugar porque una vez desvelada su identidad, una fuente deja de serlo (está “quemada”); y en segundo lugar, y más importante, porque se pone en riesgo su seguridad y puede ser anulada por elementos hostiles (en el caso de fuentes humanas se puede poner en peligro su integridad física, su vida o su libertad).

Una única base de datos en la que se recoja la identidad de fuentes humanas es esencial para la gestión de las mismas y para evitar duplicidades (dos servicios del mismo organismo podrían contar con la misma fuente y considerarla como fuentes distintas). Dicha base de datos debe gozar del más alto nivel de protección, bajo la autoridad inmediata del director del organismo.


22 de enero de 2019

Francisco Javier Aguirre Azaña

15 de enero de 2019

"Desde aquí lo veo".


Dedicado a Mariola y Luis, entrañables amigos, con los que compartimos unos estupendos días en la casa protagonista de esta historia y donde conocimos la historia familiar de la tía Paquita y el tesoro aún por descubrir. El resto del relato es ficción, pero en él incluyo mi tesis sobre donde está el tesoro.

11 de enero de 2019

Desde mi ventana.














Como cada día de aquel verano, me desperté cuando el chorro de luz y calor del sol matutino entró por la ventana anunciando otro día ardiente. Y como cada día, nada más levantarme me asomé por la ventana para mirar la costa amalfitana, donde el mar encontraba de repente las abruptas laderas de las montañas teñidas de verde y amarillo, golpeándolas cadenciosa e incansablemente. La brisa fresca, que allá abajo levantaba espuma en la cresta de las olas, también acariciaba la cara, dejando sus besos húmedos sobre la piel.

Me gustaba contemplar aquel paisaje donde dicen que los dioses griegos se situaban, en lo alto de las montañas, para observar a las sirenas que revoloteaban entre las rocas, tocando sus embriagadoras melodías para atraer a los incautos marinos que estrellaban sus naves intentando alcanzarlas. Desde el pequeño pueblo de Nocelle, me parecía adivinar el punto donde los dioses ordenaron la muerte de Parténope, cuando Ulises ordenó a sus tripulantes que se taparan los oídos para no escuchar a las sirenas, mientras que él, atado al mástil del barco con los oídos descubiertos, a pesar de que había implorado una y otra vez que lo soltaran, se había mantenido amarrado al palo y pudo deleitarse con su música sin sufrir daño alguno, siendo esta la causa de la muerte de una de las sirenas.
También me cautivaba el esplendoroso limonero de verdes hojas que estaba junto a la ventana. Cargado de limones grandes como puños, de un amarillo refulgente. Con una piel rugosa a la vista, pero suave al tacto, y embriagadoramente aromática. Limones que eran trozos de sol vital hecho materia; promesa de sabor dulcemente ácido y fragancia cítrica.

Mientras trasteaba en la cocina, Renata solía cantar canciones en incomprensible pero melódico napolitano. Yo pensaba que las sirenas también cantarían así. Cada mañana, escuchando a Renata, sentado bajo el toldo blanco que la brisa movía suavemente, observando a mis pies aquel paisaje único de luz, mar y monte, saboreando un espeso, dulce y aromático café “ristretto”, sentía que había desentrañado el secreto del “dolce far niente”.

Zaragoza, 11 de enero de 2019.

5 de enero de 2019

Pensamientos breves (II)

Lealtad versus Fidelidad.
Más allá de las definiciones del diccionario, tras muchos años trabajando bajo estos principios, he llegado a formar una idea personal de lo que significa cada uno de ellos.

La fidelidad es unívoca, de una persona subordinada a otra (un superior jerárquico) o a una norma cuyo cumplimiento no se cuestiona. No se tienen en cuenta las circunstancias que puedan acompañar a cada caso particular y por tanto el cumplimiento del precepto es ciego.

La lealtad, en cambio, es un concepto más amplio, omnidireccional. Entre personas, es una relación biunívoca, exige fidelidad, confianza y honestidad no sólo del subordinado hacia el superior jerárquico, sino también de este último a sus subalternos, o de otra manera esa relación de lealtad se rompe. Además, exige el respeto a los principios, valores y objetivos de la institución a la que se sirve, primando el bien común, el interés público o colectivo sobre el personal.

La lealtad exige honestidad, capacidad de disentir con el jefe cuando se considera que puede estar equivocado, aunque finalmente se sigan fielmente sus órdenes una vez tomada una decisión. La fidelidad no contempla ningún tipo de crítica ni capacidad de disentir, es ciega.

Quien exige lealtad a su persona, pero no corresponde con su propia lealtad al resto; quien busca su interés particular e inmediato y está dispuesto a sacrificar el interés común, no merece esa lealtad; únicamente busca fidelidad personal, irracional, como la que un perro tiene por su amo.

Una organización que prima la fidelidad sobre la lealtad está llamada a entrar en decadencia. Los intereses personales se acaban convirtiendo en la guía de sus líderes, que no tienen contestación en su entorno y acaban endiosados, confundiendo lo que no es más que una visión personal con la verdad general. Los que quieren llegar a posiciones de liderazgo se ven obligados a eliminar cualquier criticismo y finalmente la organización es dirigida no por los mejores, sino por los que mejor se adaptan a esa línea de actuación. La organización desperdicia el potencial humano con que cuenta y va perdiendo su capacidad de innovación y adaptación a una realidad que evoluciona continuamente.

El respeto mutuo y el respeto de las normas generalmente aceptadas son las claves de una convivencia pacífica. 

Las sociedades humanas son diversas y complejas. En los países avanzados conviven multitud de grupos sociales con diferentes religiones, etnias, culturas y valores. Incluso dentro de un mismo grupo social, las personas tienen diferentes ideas, perspectivas, puntos de vista e ideologías distintas. Una imposición forzada a alguien de un sistema de valores diferente, generalmente provoca rechazo y enfrentamiento, que pueden llegar a romper la concordia y la paz social. Si se quiere mantener esa armonía, el respeto mutuo en las relaciones personales (evitando la provocación, el insulto y el desprecio) y el respeto de las normas establecidas socialmente (aceptadas por la mayoría) son la clave.

Se puede replicar que en muchas ocasiones si no se rompiesen las normas establecidas, las sociedades no evolucionarían ni progresarían. En efecto, en la historia se pueden ver muchos ejemplos de cambios a través de conflictos. Actualmente, las sociedades democráticas ofrecen mecanismos para cambiar las normas respetando precisamente los procedimientos establecidos para ello y evitando disputas violentas.

El valor de una persona se mide por sus hechos, no por sus palabras.
Hablar es fácil, especialmente cuando no se tiene intención de cumplir lo que se dice. Pero lo que tiene valor es lo que realmente se hace, la acción. La calidad de una persona se basa en la coherencia entre lo que dice y lo que realmente hace.

La experiencia nos demuestra que muchas personas hablan de una forma pero actúan de otra, no habiendo congruencia entre sus palabras y sus actos. No podemos dar nuestra confianza a quién obra de esa manera. Quién demuestra mayor coherencia entre palabras y hechos merece más consideración y respeto.

Como dijo el Evangelista Mateo: “Por sus hechos los conoceréis”.

El hombre es incoherente por naturaleza.
Hablando en términos generales, todas las personas son incongruentes en ciertas ocasiones o situaciones de su vida. Es prácticamente imposible encontrar integridad incondicional u honestidad absoluta. Cualquier persona es proclive a hacer excepciones en su forma de pensar y actuar en favor de personas cercanas. 


Las personas, de forma habitual, aplican unos criterios y estándares determinados en su vida, a la hora de juzgar los hechos que observa o de los que tiene conocimiento. Lo hacen de acuerdo con un sistema de valores que le es propio, que puede ser más o menos exigente según las características de cada cual. Pero -la experiencia nos dice- ese sistema de criterios y valores habituales se relaja cuando se aplica a personas cercanas: conyugue, hijos, amigos, también a uno mismo, buscando un posible beneficio o tratando de evitar un perjuicio. La objetividad  que se aplica a terceros se pierde cuando juzgamos lo propio.

Por otro lado, también es habitual observar que muchas personas quieren y exigen a sus gobernantes cosas contrapuestas, aun siendo conscientes de que son incongruentes entre sí, de que hay que elegir entre una y otra porque no se pueden conseguir las dos al mismo tiempo. Pero se autoengañan, se aferran a justificaciones que en su fuero interno saben que son incoherentes e incompatibles. 


Dado que, como se afirma al principio: somos incongruentes por naturaleza, para minimizar la frustración y los daños que se producen en estos casos, es necesario apoyarse en una serie de principios: el conocimiento racional antes que el sentimiento; un sistema de valores sociales basados en el bien común y la ejemplaridad; la puesta en evidencia de las incongruencias y las tácticas populistas; el establecimiento de un modelo ideal a seguir, a pesar de que pueda parecer utópico.

El hombre es el peor enemigo del hombre.
No por viejo este aforismo ha dejado de tener validez. Cuando los líderes sociales consiguen enfrentar grupos humanos entre sí 
-habitualmente buscando alcanzar sus ambiciones personales antes que los objetivos colectivos que utilizan como pretexto-, el hombre se convierte en un enemigo despiadado e inmisericorde del otro que no forma parte de su grupo, etnia, religión o ideología. 

Mi experiencia personal está basada en las guerras de los Balcanes: en Bosnia, en las zonas de mayoría serbo-croata se subyugaba a las minorías musulmanas llegando al asesinato para expulsarlos del territorio. En Kosovo, tras la intervención de OTAN para expulsar al ejército serbio, la mayoría albano-kosovar (musulmana) utilizaba los mismos procedimientos con las minorías serbias. En marzo de 2004 se quemaron iglesias y monasterios, escuelas y hospitales, y se mataron a docenas de civiles serbios. En situaciones de enfrentamiento, cuando la convivencia pacífica no está garantizada; allá donde un grupo social es fuerte, el fuerte intenta exterminar al oponente más débil, independientemente de su ideología.

La Seguridad no está garantizada, ni siquiera en las sociedades democráticas avanzadas.
Cuando se alcanza un nivel elevado de desarrollo y prosperidad, tendemos a pensar que se ha alcanzado una situación estable, que no hay alicientes para salir de ella y por tanto esa situación está garantizada en el futuro. Por lo que no es necesario distraer esfuerzo y recursos en su mantenimiento y simplemente hay que disfrutar de lo que se tiene.

Pero la realidad es que en el mundo compiten fuerzas con intereses particulares contrapuestos. La distribución de los recursos y la riqueza genera desigualdades. La evolución social y tecnológica produce cambios que provocan nuevas redistribuciones de riqueza y generan nuevas desigualdades. Las desigualdades generan conflicto. Quién se considera en una situación de inferioridad, ya sea una percepción real o ficticia, intenta cambiar el estatus quo e incrementar su cuota de bienestar, incluso recurriendo a la confrontación violenta con quien goza una posición aventajada. Y esto, no sólo entre grupos humanos diferentes (etnia, raza, religión…) sino también en el propio seno de sociedades con un alto nivel de homogeneidad.

Además, la Seguridad es una percepción subjetiva. Alguien se puede sentir inseguro aunque viva en un entorno objetivamente seguro, donde su vida, sus derechos, su libertad y su bienestar están razonablemente garantizados. Si nos sentimos inseguros tenemos que visualizar el objeto de nuestra inseguridad como algo material y eso habitualmente es otro grupo humano antagonista, con el que no compartimos valores.

Zaragoza, 4 de enero de 2019.


Francisco Javier Aguirre Azaña.

4 de enero de 2019

Pensamientos breves. (I)

He servido cuarenta años en el Ejército. He trabajado, convivido y conocido muchas personas de diferente condición y países distintos, militares y civiles. Muchos de ellos buenas personas, pero también algunos canallas. Aunque ya no recuerdo las caras y los nombres de la mayor parte de esas personas, su trato y las experiencias vividas juntos han ayudado a modelar la persona que soy ahora. He desarrollado mi actividad profesional en ambientes muy diversos. Inicié mi carrera como joven oficial con trato continuo y directo con soldados de reemplazo, en unas condiciones y contextos que poco tienen que ver con los actuales. Posteriormente, trabajé varios años en cuarteles generales internacionales con oficiales extranjeros, en situaciones de paz y también de crisis. Asimismo he desarrollado mi labor en los niveles de asesoramiento más altos del gobierno. He vivido situaciones muy diversas en diferentes países, algunas de ellas no exentas de tensión e incertidumbre. Y tras toda esa experiencia vital, quiero exponer aquí las cosas que he aprendido, que no son muchas, ni tan siquiera originales, pero de las que quiero dejar constancia, aunque sólo sea por prurito personal.

Todos tenemos algo que enseñar y algo que aprender.
Cuando uno trata con gentes de diferentes países, culturas y orígenes, es fácil dejarse llevar por los tópicos. En ocasiones uno puede sentirse superior en algunos aspectos debido a los propios orígenes, nacionalidad, formación u otros fundamentos. En otras ocasiones, se puede caer en un complejo de inferioridad considerándose por debajo de alguien, simplemente porque su procedencia parece darle cierta superioridad.

Lo cierto es que tras una convivencia directa, cuando uno llega a conocer a las personas y puede discernir más allá del tópico y del lugar común, se da cuenta de que siempre hay algo que aprender de cada persona, de su actitud vital, su profesionalidad o su experiencia, aunque su estatus personal pueda ser considerado inferior. Recíprocamente, cuando actuamos con coherencia con nuestros principios, estamos transmitiendo una enseñanza que puede ser ejemplo para cualquiera, por muy superior que quiera considerarse.

Si quieres comprender el mundo, sigue la pista del dinero.
Cualquier actividad organizada precisa financiación. Es imposible llevar a cabo un proyecto, desde los de carácter filantrópico hasta los de carácter criminal, si se carecen de recursos económicos. Para entender lo que realmente sucede hay que observar el flujo del dinero, desde sus fuentes: quién, dónde, cómo y porqué financia una actividad, y estudiar el camino que sigue el dinero hasta su empleo y destinatarios finales. De esta manera es posible comprender quién está verdaderamente apoyando una causa y porque.

Por otra parte, la manera más efectiva de terminar con una actividad es precisamente atacando su financiación, cortando la generación o el flujo de dinero e impidiendo que llegue a su destino final. Para ello, en primer lugar hay que tener un conocimiento completo de cómo se produce ese flujo y quiénes son los beneficiarios finales. Después, es cuestión de voluntad y capacidad efectiva de acción.

Un buen ejemplo de lo dicho son las actividades relacionadas con el terrorismo, el crimen organizado o los movimientos de desestabilización de determinadas sociedades.

A veces queremos arreglar cosas que no necesitan arreglo.
Este punto está relacionado con las situaciones de injerencia, generalmente por razones humanitarias, en países que viven o han vivido situaciones de conflicto, crisis o guerra. La intervención en fuerza en sociedades que se encuentran atravesando una crisis nos coloca, queramos o no, en una situación de superioridad objetiva, percibida tanto por ellos (los intervenidos) como por nosotros: miembros de una coalición que generalmente busca ayudar a superar esa situación conflictiva.

Cuando nos sentimos en una situación de superioridad cultural, moral, social o de cualquier otro tipo, llegamos a pensar que nuestra razón (cultura, costumbres, valores, religión…) es cierta y superior a la de los otros, y en consecuencia sería lo mejor para ellos adoptar nuestro modelo. Elevamos nuestras creencias particulares al rango de verdades generales e incontestables y tendemos a desechar los puntos de vista diferentes. En esas situaciones, en ocasiones, se valoran ciertos acontecimientos, situaciones o comportamientos como anómalos, contraproducentes o perjudiciales para alcanzar los objetivos deseados. Todo ello de acuerdo con nuestra línea de pensamiento, pero sin tener en cuenta que puedan ser aceptados como normales (aunque sea temporalmente), el contexto y las circunstancias en que se producen. E intentamos corregir situaciones y comportamientos, en definitiva problemas que no son tal en la sociedad en la que se producen, interviniendo y provocando una serie de acciones y reacciones desestabilizadoras y contraproducentes, que en muchas ocasiones crean un verdadero problema donde no lo había.

Etnia, religión e idioma son fácilmente utilizados para crear y mantener enfrentamientos. 

La forma más habitual que tienen los líderes populistas y demagogos de alcanzar y mantener el control de un grupo humano, ya sea en beneficio propio o porque se sientan llamados a un destino particular -aunque muchas veces ambas cosas van de la mano-, es apelando al sentimiento frente a la razón, creando una conciencia del “nosotros” en contraposición al “ellos”, fomentando la diferencia, la disimilitud, la superioridad o el victimismo, o una mezcla de todo ello.

Apelar y profundizar a las diferencias étnicas, religiosas e idiomáticas es una vía segura de lograr ese objetivo de concienciar al “nosotros”, enfrentándolo con el “ellos”, y suelen ser precursores del conflicto. El recurso a la etnia, religión e idioma propio en contraposición a otros es una indicación clara de la voluntad de enfrentamiento y subsecuente conflicto. 


El simple tiene soluciones simples para resolver cuestiones complejas.
La realidad es compleja, multifacética. Los procesos sociales y económicos están interrelacionados unos con otros y una actuación en un campo suele producir efectos de primer, segundo y sucesivos órdenes en otros campos, a veces no deseados o incluso no planeados o conocidos de antemano. Las sociedades modernas también son complejas con grupos diversos con diferentes apreciaciones de la realidad y puntos de vista, valores y objetivos distintos.

En este contexto, las personas simplistas, incapaces de asimilar esa complejidad, ofrecen soluciones simples para determinados problemas, como un conflicto social o la distribución de recursos económicos escasos, sin valorar los efectos que esa solución tendría sobre otros aspectos de la realidad, aún en el caso de que puntualmente (y muchas veces sólo temporalmente) se palíe el problema.

No suele ser buena idea adoptar soluciones simplistas que ignoran la realidad de las cosas, generalmente conocida gracias a la experiencia. Ese tipo de soluciones puede funcionar por algún tiempo, pero finalmente la realidad se impone y los perjuicios posteriores y las distorsiones que se producen pueden ser mayores que el beneficio inicial.

Una persona inteligente tiene explicaciones sencillas para entender cuestiones complejas.
Muchas personas se sienten abrumadas por quién aporta información profusa y copiosa para explicar una cuestión compleja y cuando no se llega a entender todas las explicaciones, dado que la cuestión es difícil de entender, se tiende a pensar en una limitación propia y a pensar que el otro demuestra un gran conocimiento y por lo tanto es una persona con una inteligencia superior.

De la misma manera, muchas personas que quieren mostrar una superioridad intelectual recurren a esa técnica de aportar muchos datos, o hablar barrocamente sobre el tema en el que quieren mostrar su superioridad.

En mi experiencia -aunque no es frecuente encontrarlo- una persona realmente inteligente es la que es capaz de exponer una cuestión de difícil comprensión de forma sencilla y comprensible para la mayoría. 


Zaragoza, 4 de enero de 2019.

Francisco Javier Aguirre Azaña.